La feria de los discretos | El neo-kofrade, el que todo opina y el que todo lo sabe

Está simpático el movimiento cofrade en el pueblo. De todo se habla, para bien o para mal, con más o menos conocimiento. Esto, nos dice, que de todo igualmente se opina, también con diversidad de criterios, es obvio. La verdad es que hay para hablar de cofradías, y también, reiteramos, con más o menos acierto, para opinar sobre todo lo que se cuece en el mundo cofrade de este pueblo milenario.

Dar nuestra opinión sobre algo, es totalmente licito. Siempre que se haga con conocimiento sobre lo que se opina, como es lógico. Dar nuestra visión sobre algo de lo que desconocemos, es un camino directo a cometer errores, ya sean banales, o de mayor grosor, en la mayoría de las veces. La osadía nos lleva a cometer errores de bulto, parte de ellos no reconocidos, haciéndose visible una soberbia que nos hace, la mayoría de las ocasiones, sabedores de la verdad.

El cofrade suele ser osado. El kofrade, termino creado por Carlos Colón, lo es aún más. Ambos opinan de todo y, sobre todo. Opiniones que pueden ser válidas y coherentes, o tal vez histriónicas y fanfarronas en la que el desconocimiento u osadía, hacen que queden en evidencia todas nuestras limitaciones, desconocimiento de las cosas y que hacen visibles todas nuestras costuras.

La semana pasada se han producido dos hechos que han mostrado el conocimiento, o desconocimiento, de cofrades y kofrades. Por un lado, el “decretazo” de Palacio, esperado y que a la postre no ha dejado a nadie indiferente. Sus consecuencias, las previsibles. Para unos, justas, y para otros, exageradas.  Lo cierto es que ha habido opiniones para todos los gustos. Muchos han sido los catedráticos en leyes que han puesto en conocimiento su veredicto, eso sí, sin haber tenido jamás el código de derecho canónico entre sus manos, y lo que es peor, hablar sin saber la verdad, de lo que ha llevado a la autoridad eclesiástica a tomar tan drástica decisión.

Desconocemos, no se han hecho, ni se harán jamás públicas, lo que de verdad ha generado el desenlace final. Lo cierto y verdad es que la verdad del cuento, ay Cristo de los Tormentos, lo saben…las partes implicadas. ¿Cómo acabará esta historia? El tiempo lo dirá. Como no conocemos el fondo de todo, cualquier opinión será sesgada y de poco fundamento. Lo mejor en este caso, es la prudencia. La verdad es que hay una asociación de fieles, pro-hermandad, o como queramos llamarla, que está intervenida y suspendida de actividad, y un ministro de Cristo defenestrado y trasladado a una residencia de ancianos. Cuando la iglesia toma una decisión así, sin precedentes en este pueblo, algo de peso se nos escapa.

Por otro lado, se ha presentado la bambalina frontal del palio que alberga a la niña morena de San Andrés, o lo que es lo mismo a la Madre de la Esperanza. Ya era hora que el simulacro que esculpiera Martínez Cerrillo, tuviera un palio en consonancia a lo que la imagen representa para la Semana Santa de esta ciudad. Un palio con un diseño clásico y que tiene un sabor a tiempos pretéritos. La ejecución, por un prestigioso taller de la ciudad vecina, es correcta, sobrada y con oficio más que notable. Pues se repite la historia. Muchos, licenciados ellos en artes nobles y oficios aplicados, han sentado su particular cátedra, cuando de seguro, la mayoría de ellos no saben ni por donde se enhebra una aguja. Han puesto en duda el diseño, y sobre todo por la ejecución de un taller, que otra cosa tal vez no, pero que, de experiencia y oficio, anda más que sobrado.  Un palio que, cuando este terminado, nos aportará ese clasicismo de los palios juanmanuelinos con aromas a otra época, aquella en que la Semana Santa no estaba tan globalizada, ni tan banalizada como lo está a día hoy. 

Como muestra, un botón. En este caso más, dos. Aunque además del kofrade jurista, o del kofrade experto en artesanías textiles y ornamentación, podríamos ampliar el listado en mas prototipos de kofrades sabihondos y sobrados, tantos que nos daría para hacer una nueva versión del célebre libro “Tontos de capirote” de Francisco Robles, con todos los nuevos especímenes que pululan por el planeta de las cofradías.