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El Capirote, Opinión

El Corpus murillesco que no será

No hay que ser Clara del Valle para averiguar cómo serán los días grandes de una fiesta que fue todo en la ciudad y que no atraviesa por uno de sus mejores momentos desde hace años. ¡La fiesta más antigua de Sevilla! gritan algunos que el jueves por la mañana se quedan dormidos o madrugan para apilar hamacas y sillitas plegables, y salir pitando cuanto antes con dirección a Matalascañas.

Volverá a ver escaso público, el cortejo será soporífero, las temperaturas estarán acordes con la época tardía en la que este año ha caído la celebración… Todos los años la misma escena, pero también la misma problemática. ¿Cómo lo resolvemos? El ayuntamiento se afana en engrandecer esta fiesta con distintos actos en las vísperas. La tarde anterior las calles estarán a rebosar, la catedral abrirá sus puertas para que puedan ser contemplados los pasos, Justa y Rufina volverán a encontrarse con visitantes que al día siguiente echarán en falta. Y, mientras que la lupa se ponga sobre la tarde anterior, la celebración más importante del orbe católico tendrá en Sevilla heridas que seguirán sin cicatrizar. Porque el concurso de altares, balcones, escaparates —¿se han dado cuenta que han subido las participaciones desde que aumentó la cuantía económica? — estará muy bien, y también la muestra sobre Montañés en el consistorio, y en el Mercantil, la Oliva, pero ¿no habría que potenciar la jornada de uno de los jueves que relucen más que el sol? En los últimos años se ha vivido una renovación en la víspera, pero poco se ha hecho por potenciar la asistencia de público en la procesión del Santísimo.

Una de las novedades que este 2019 se convertiría en tema de conversación ha sido barrida del calendario de un plumazo. Y es que, como una de los principales atractivos del Año Murillo se pretendía llevar a cabo una procesión que recordara a la que tenía lugar en la época que le tocó vivir al pintor de las Inmaculadas. Y fue tal el revuelo que rápidamente comenzaron a imaginar autos sacramentales por las calles o altares protagonizados por las imágenes más devocionales que en el siglo XVII eran importante foco de la religiosidad popular, algunas ahora rezagadas en iglesias y conventos.

Pero pasaron los días, llegó un verano que convierte la sede de San Gregorio en un páramo, hubo elecciones en el Consejo, cuaresma y una nueva Semana Santa donde no faltaron los horarios y los tiempos de paso. Y la iniciativa quedó guardada en el cajón. Dormida. Como estarán muchos el próximo jueves a primeras horas de la mañana.

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