La Hermandad de la Expiración está viviendo en 2018 un año especialmente intenso, con la celebración del centenario de su reorganización, que tuvo lugar en 1918 y, al mismo tiempo, el 25 aniversario de la coronación canónica de la bellísima Virgen del Rosario. Un año intenso que ya ha permitido disfrutar de la presencia por las calles de Córdoba del paso de misterio que preside el crucificado y María Santísima del Silencio, hace unas semanas, y volverá a posibilitar que el paso de palio de la Virgen del Rosario reine de nuevo, bajo el cielo otoñal, el próximo mes de octubre.
La cofradía de San Pablo es siempre un ejemplo de sobriedad, de compostura, de amor por los matices, de cuidado del detalle y de mesura en sus formas. Un conglomerado de elementos que convierte siempre en una experiencia provechosa su contemplación. Nada sobra y nada falta en su puesta en escena. Todos los elementos que conforman la cofradía se aplican en la dosis adecuada, y ello propicia que sea un deleite presenciar su transitar. Los dos pasos de la cofradía son buena muestra de ello. La zancada precisa y la frecuencia perfecta son el denominador común de los hombres que llevan sobre sus hombros al misterio de la Expiración y a la Virgen del Rosario. Dos cuadrillas mandadas por dos jóvenes capataces con un presente incontestable y un futuro ilimitado, cada uno con su estilo y su propia idiosincrasia.
La mano de Ángel Carrero ha logrado que la cuadrilla de la Expiración se haya ganado, por derecho propio, un importante hueco entre las cuadrillas referencia de las cofradías cordobesas de negro, merced a su trabajo constante y a la creencia de que, sí bien el elemento físico es esencial para construir una buena cuadrilla costalera, no es el único ingrediente que precisa para que una buena cuadrilla se convierta en una de alto nivel. Así lo entiende Carrero y así lo transmite con presteza a sus hombres, siendo una de las señas de identidad de la cuadrilla que ha conformado con gran acierto para portar al misterio cada Viernes Santo.
Por su parte, el trabajo que Jesús Ortigosa viene desarrollando al frente de la cuadrilla de la Virgen del Rosario es una evidencia que nadie puede negar. Su potencial como capataz está fuera de toda duda y así lo atestigua el hecho de que su nombre haya sido elegido en los últimos años para hacerse cargo de pasos no precisamente sencillos de gestionar, lo que habla muy bien de su valentía a la hora de afrontar grandes retos y de la capacidad para solventarlos. Sin embargo, el nivel alcanzado al frente del palio de la corporación de San Pablo supera el trabajo desarrollado en el resto de pasos que tiene la responsabilidad de mandar convirtiendo el discurrir de la dolorosa de Álvarez Duarte en uno de los momentos insustituibles de cada Semana Santa.































