Niño, el pasado jueves salió ya el Rocío de Córdoba para iniciar su camino hacia la aldea almonteña. Si el año pasado tuvieron que hacer frente a la lluvia este año parece que les va a tocar padecer las calores que anuncian ya la inminencia del puñetero verano de las narices.
Uno, que de rociero tiene poco, ve acercarse ya el final de curso. Y lo hace como siempre con bastante pena, con nostalgia de cornetas y tambores y las marchas solemnes de siempre añadiendo el son perfecto a los magistrales palios que dan cobijo a la Madre de Dios.
A mí lo que me sabe fatal, niño, es tener que despedir el curso con un Corpus tan marchito como el de Córdoba. Con ese itinerario… ¡infame! por la Ronda de Isasa, que por más que se empeñen no tiene ni puñetera gracia. ¡Con lo mejorable que es nuestro Corpus y la cerrazón tan grande de los que organizan! Nuestro Padre Jesús de la Fe y San Rafael se echan tantísimo de menos en esta celebración…
¿Que no comento nada de la feria? ¿Pero es que hay algo que comentar? Yo allí lo que veo es mucha caseta de Cofradía alquilada convertida en discocaseta y muy pocas en las que los hermanos se parten los lomos para trabajar y crear el ambiente de lo que, se presume, debería ser la caseta de una hermandad.





