La Junta de Gobierno de la Hermandad de Jesús Nazareno, que preside Víctor Molina, ha convocado a sus hermanos el próximo 17 de febrero, a la celebración de una asamblea de carácter extraordinario que tendrá lugar tras el Cabildo ordinario que es preceptivo según las reglas corporativas de la Hermandad, en el que se someterá a la valoración y en su caso aprobación de los hermanos la memoria y el presupuesto de la corporación del Jueves Santo.
En el cabildo extraordinario se abordarán dos puntos esenciales en el devenir a corto plazo de la cofradía cordobesa. Por un lado, se informará a los miembros de la cofradía de todos los pormenores relativos a la participación de la Hermandad en la Exposición Magna que tendrá lugar en la ciudad de San Rafael el próximo mes de septiembre y además, se someterá a la consideración de los hermanos el traslado de los cultos que a María Santísima nazarena consagra la Corporación cada año, por coincidir con las fechas de la Magna.
Cabe recordar que el pasado mes de noviembre la Junta de Gobierno de la Hermandad ya anunció la participación en el histórico acontecimiento a través de la presencia de Jesús Nazareno, una imagen que forma parte indisoluble de la centenaria religiosidad popular de la ciudad de San Rafael que se pierde en la memoria de los tiempos y que, por ende, no podía faltar en un acontecimiento de estas características, concebida precisamente en torno a la vocación de Jesús con la cruz al hombro camino del Calvario.
El primer testimonio documental que nos habla de la existencia de una cofradía bajo la advocación de Jesús Nazareno es una escritura de donación a favor de la misma fechada en 1487. La mencionada hermandad tiene un carácter asistencial puesto que mantiene a sus expensa el hospital del mismo título en el barrio de Santiago. Esta cofradía hospitalaria entrará en una fase de postración y desparece a mediados del siglo XVI. La citada hermandad no tiene ninguna relación con su homónima penitencial, erigida en el hospital bajomedieval de San Bartolomé del barrio de San Lorenzo aprobada por el obispo fray Martín de Córdoba y Mendoza en el año 1579.
Aunque la hermandad tiene un carácter penitencial, asume el compromiso de sostener el establecimiento asistencial de San Bartolomé que cuenta con media docena de camas destinadas a ancianos pobres. La celebración más importante de esta hermandad es la estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo. Se exige a los cofrades la posesión de un buen número de virtudes morales, además del imprescindible requisito de la limpieza de sangre. Estas reglas aprobadas en 1579 tendrán vigencia hasta mediados del siglo XIX, cuando se elaborarán unas nuevas que serán sancionadas por la reina Isabel II. El Señor es una obra anónima de finales del Siglo XVI o XVII, restaurada por Andrés Valverde, Juan Reyes y Enrique Hinojosa en 1978.





