A Jesús le fallan las fuerzas. Es lógico que después de los tormentos sufridos no le queden fuerzas, y mucho menos para llevar la cruz hasta la cima del Gólgota. Los soldados ven la debilidad de Nuestro Señor, pero quieren que Cristo llegue hasta el lugar de la ejecución. Cristo sigue solo en medio de la gente. No hay ningún amigo que le ayude a llevar la cruz. Hay demasiadas cobardías y miedos. Los soldados romanos tienen que recurrir a un extraño que viene de su trabajo y obligarle a llevar la cruz. El Señor recompensará este favor: la gracia vendrá sobre Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo (Mc 15, 21).
Cuando sale el nombre de Simón de Cirene siempre se me viene a la cabeza el oficio de costalero. Y en concreto un perfil de costalero. Aquel que más se asemeja al cirineo. Aquel que se encuentra con Cristo gracias a una casualidad que hizo que se acercara a él. Gente que por desgracia vivieron una juventud sin estar cerca de Dios. Bautizados en las parroquias de sus barrios y terminando su vida de Iglesia el día que por primera vez recibían a nuestro Señor.
A veces nos encontramos con la cruz sin buscarla. Simón de Cirene tampoco contaba con aquel episodio, el de ser obligado a ayudar a un reo de muerte a llevar la cruz. Se encontró de manera inopinada, sin buscarla, con la cruz. Pero encontrarse con la cruz es encontrarse con Cristo. Simón había realizado, como todos los días, su trabajo en el campo, y volvía a su casa para el merecido descanso. Sin embargo, los planes de Dios son distintos y se le exige un esfuerzo añadido.
Estos chavales que se iniciaron en el mundo del costal fueron a las trabajaderas sin buscarlas. Tal vez acudieron allí por una amistad. Por probar nuevas experiencias o incluso por ayudar a sacar adelante la Imagen de Jesús en tiempos en los que los cirineos escaseaban.
Cogió Simón la cruz, la cargó sobre sus hombros. Cargó con la cruz de madera. Y estos jóvenes ayudaron a coger la cruz que Jesús portaba cada primavera en los pueblos de Andalucía. Un gran cambio se produjo en el Cirineo durante el tiempo que ayudó a Jesús a llevar la cruz. La gracia interior y el ejemplo de Cristo le removieron hondamente. Como a tantos costaleros que por primera vez conocen de verdad a Cristo bajo las entrañas de una parihuela. Para sentir que su vida está con Él. No les quedó otra que seguir un sólo camino, el que marca la Verdad y la Vida. Una vida llena de sentimientos que acaban de descubrir y todavía está por escribir.
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