El viejo costal, Opinión

El olvidado jugador

Sale por la puerta de Santa Catalina en estos mismos momentos el peculiar palio de la Merced, así, rodeada de cadenas la ideó Fray Ricardo de Córdoba, de azul intenso el cielo y su palio en la hora del crepúsculo, primera Reina del Lunes, de nuestro esperado Lunes Santo, Lunes de Semana Santa, cuantos meses intuyendo este momento, que llegado nos parece tan extraño, no por mucho vivido, si no por anhelado.

Le seguirá la Estrella, otra reina valiente de este Lunes, cuando empieza la lluvia a bendecir la tierra, y aparece ese olvidado jugador, el tiempo, no me refiero al que nos marca el reloj con su cortes pequeños de segundos, trozos insignificantes de vida, hablo del tiempo meteorológico. Malvado jugador, rompedor de esperanzas, sueños e ilusiones, y de pronto la realidad vence a nuestros sueños, se empiezan a abrir paraguas en las calles, el presagio señalado por la cera apagadas por el viento, viento que hace desaparecer la felicidad y va ayudando a ganar al miedo, tiemblan los pensamientos de los buenos cofrades, y de los malos también, y es que ya se nos olvidó que el tiempo también juega en estas cosas, muchas veces llega a ser el protagonista absoluto de todo.

Y hasta esta hora parecía que Vera Cruz portaría un año más de forma liviana su cruz sobre un calvario rojo, hasta las entrañas de nuestra Mezquita Catedral, y el hábil jugador, derramando unas gotas que ni siquiera son benditas para la tierra, destrozando sueños ilusiones y algún que otro capirote.

Cortes de cortejos, carreras por san Fernando, el agua intermitente, caprichosa, imprevisibles determinaciones, otros permanecen al amparo de las viejas tejas de nuestra Mezquita, cosas del tiempo, de este tiempo de locos, imprevisible primavera, cambiando horarios, recorridos, llegadas y salidas, y es que Dios sabe como hacer cada cosa, y nosotros solo sabemos observar y callar, silencio, prisas por entender lo que nadie entiende, nervios, y que nervios.

Paso de «mudá», sueños rotos, ilusiones también, despierto en esta pesadilla del inicio de la Semana con gotas de agua, derramadas por una mejilla, quizás no sea agua, ¿lagrimas?, también donde se llora siempre hay una ilusión rota, las piedras del patio de los naranjos tienen restos de agua, de cera, y lagrimas perdidas, todas de difícil sustitución, y quien puede ahora rellenar este vacío que se queda en nuestra almas.

Un año más, o mejor dicho un año menos, perdido para algunos, encontrado para otros, así es la vida, así son las cosas del tiempo, Vera Cruz puede regresar a su sede, la cercanía le favorece, ahora solo resta saber si en agua también, Humilde en la Coronación, sigue subiendo por la calle Feria, paciente hasta el infinito, dirige su mirada al cielo, señalando a las nubes como culpables, y perdonando a los hombres.

Un revuelo del aire, unas nubes en el cielo, y todo lo dispuesto por el hombre queda en nada, mojados los sueños, destrozadas las ilusiones, con llantos. Que poco podemos, cuanta impotencia arrastramos, y los del tiempo dicen que mañana va a llover, otro día para que triunfe el olvidado jugador.