La Santa Sede confirmó el pasado 24 de septiembre la aceptación de la renuncia de monseñor Ciro Quispe López, obispo de la Prelatura de Juli, en la región de Puno, Perú. La decisión se publicó en el boletín oficial de la Santa Sede, en la sección Rinunce e Nomine, y pone fin a un periodo marcado por una serie de denuncias que erosionaron su autoridad moral frente a los fieles.
Con apenas 51 años, Quispe López abandona su cargo muy por debajo de la edad canónica de retiro de 75 años, lo que evidencia que la medida responde a circunstancias excepcionales y de presión comunitaria. La renuncia llega tras un cúmulo de acusaciones de índole sexual y financiera que generaron un rechazo masivo en las localidades andinas bajo su jurisdicción.
Acusaciones de carácter sexual y conducta inmoral
Diversos medios locales, como Sin Fronteras e informes recogidos por Infobae, relatan testimonios de personas vinculadas a la residencia episcopal que señalan a Quispe por mantener relaciones extramaritales. Según los relatos, se habrían encontrado ropas femeninas y preservativos usados en los aposentos del obispo, corroborados por exempleados y personal doméstico.
Además, se difundieron audios atribuidos al obispo con mensajes afectivos hacia mujeres, y se registró incluso una acusación de violación, que aunque no prosperó judicialmente, contribuyó al desprestigio de su figura y provocó el repudio generalizado de los fieles.
Denuncias por malversación y negocios irregulares
Los reportes de Secretum Meum Mihi y Perú 21 señalan que Quispe también habría desviado fondos de la prelatura para fines personales, incluyendo el establecimiento de una pollería financiada con recursos eclesiásticos, hecho que generó indignación en la comunidad.
El obispo fue acusado además de intervenir museos religiosos y templos históricos sin autorización del Ministerio de Cultura, lo que derivó en sanciones oficiales y denuncias formales sobre la gestión de patrimonio eclesiástico en Juli.
Protestas de la comunidad y visita apostólica
La controversia generó una reacción sin precedentes en comunidades como Juli, Pomata, Desaguadero y Yunguyo, donde los fieles organizaron marchas y manifestaciones para exigir su salida inmediata. Algunos incluso recurrieron a gestos simbólicos de humillación, como la intención de “sacarlo en burro”, según relató Perú 21.
Frente a esta situación, la Nunciatura Apostólica en Perú designó el 16 de julio a monseñor Marco Antonio Cortez Lara, obispo de Tacna y Moquegua, como visitador apostólico, medida confirmada al día siguiente por la Conferencia Episcopal Peruana, con el objetivo de “verificar de manera exacta la situación de referencia”.
De académico prometedor a crisis pastoral
Natural de Cusco, Ciro Quispe López fue ordenado sacerdote en 2001 y elevado a obispo por el papa Francisco en 2018. Su formación académica, incluyendo estudios de Ciencias Bíblicas en Roma y experiencia docente en seminarios y universidades, perfilaba a Quispe como un líder eclesiástico prometedor.
Sin embargo, su gestión en la Prelatura de Juli se vio empañada por escándalos continuos que minaron su credibilidad, tanto en el ámbito pastoral como ante las autoridades religiosas y la comunidad de fieles. La renuncia del obispo marca un hecho inusual y de alto impacto para la Iglesia en el sur andino, reflejando la gravedad de las acusaciones acumuladas durante su ministerio.





