El pregón esperado

Mañana, segundo de abril, a las ocho de la tarde, el escenario del Gran Teatro de Córdoba acogerá la declamación del ansiado pregón cofrade. Es un pregón de espera elevado al cielo por un pregonero paciente, muy querido y valorado en el ambiente semanasantero. Rafael Fernández Criado, muy conocido por ser reportero del programa Paso a paso y autor de diversos libros sobre lo cofrade, será por un breve espacio de tiempo aquella «voz en el desierto» que anuncie el muy ansiado Domingo de Ramos.

Habrá lágrimas, que no quepa la menor duda. Después de tanto tiempo, será no solo irremediable, sino terapéutico y necesario. Todos los pregones, por regla general, se yerguen como un manifiesto de sentimientos encontrados. Sin embargo, es innegable que este pregón en particular hará las delicias sentimentales de un auditorio constreñido por las circunstancias más recientes. Quizás podemos decir, sin ser exagerados, que disfrutaremos de un pregón liberador.

Aunque el tema a desarrollar es obvio, solo queda dilucidar el cómo se expondrá y el qué se subrayará. A simple vista, considero que la pandemia tomará cierto protagonismo en la elocución, señalando de esta no solo sus padecimientos, sino también los actos heroicos que trajo consigo. Quizás, no me equivoque al decir que será una piedra de toque fundamental para enhebrar el discurso. Los difuntos deberían ser aquí, bajo mi punto de vista, otro pilar necesario, sin olvidar a las célebres personalidades cofradieras que, por uno y otro motivo, nos han dejado hace poco.

Las expectativas son elevadas, pero están bien aseguradas. No cabe duda de que este sábado viviremos una tarde-noche de ensueño. Mañana, pues, se pregonará la Semana Santa de nuestra ciudad, esperando que días después, en la plaza de Capuchinos, Nuestra Señora de los Dolores nos reciba en su templo. Será la señal propicia de que lo nuestro ha retornado por fin.