El Cirineo, 💙 Opinión

El problema no es el arte, sino que algunos siguen sin entender para qué sirve un cartel de Semana Santa

El problema no es el arte, ni la prepotencia chulesca, ni el insoportable desdén con el que trata a quienes no aplauden enfervorizados sus dictámenes desde el púlpito de su soberbia. Ni siquiera es la influencia en quienes se dejan influir para colocar a sus amigos y quienes le bailan el agua. El problema no es la arrogancia de creerse en posesión de la verdad absoluta e indiscutible hasta el punto de que sea su dedo el que decida qué carteles merecen estar en un podium y cuáles han de ser desechados y arrojados al sumidero de la indiferencia.

Ni tampoco la altanería clasista con la que es capaz de separar a la población entre quienes pueden o no dar su opinión sobre una obra artística y, subrayo, sobre un cartel de Semana Santa… los eruditos y los miserables plebeyos que deben guardar silencio ante la exposición de una obra de arte porque lo dice José Cretario, quítenle ustedes el alias, que lo saben hacer perfectamente. El problema es que, a pesar de llevar años escribiendo cada domingo en todo un transatlántico de la información y la opinión cofrade y cada lunes sentando cátedra en otro radiofónico, demuestra no tener ni puta idea de para lo que ha de servir un cartel que anuncie una Semana Santa.

Dice el «Doctor en todo», -lo pone en boca de terceros, como casi siempre, un mecanismo de defensa como otro cualquiera que todos, con o sin carrera, utilizamos- que en la cartelería cofrade «no existe margen para arriesgar (…) por el temor que en el mundo del arte genera la crítica indiscriminada, casi siempre iletrada -lo dice sin despeinarse- que se suele dar cita fundamentalmente en las redes sociales y en el mundo de Internet», rasgándose las vestiduras «porque la opinión de un chaval de 15 años» pueda situarse «a la misma altura que la de un experto».

Sin entrar en qué considera el señor Cretario un experto, ese -el del chaval de 15 años- es el quid de la cuestión. Me contaba un amigo artista -un gran artista, que yo también los tengo- que no ha de confundirse un cuadro cuyo destino es una galería de arte o un museo con un cuadro anunciador de una Semana Santa. El segundo de ellos -proseguía mi amigo artista- debe estar destinado para que lo entienda y comprenda el crítico profesional y quien no lo es, como el chaval de 15 años, o de 14 o de 10 o de 7, y también la abuela de 80 que probablemente jamás haya entrado en una galería o un museo ni tenga estudios de Historia del Arte o Bellas Artes.

Que un cartel para anunciar una Semana Santa debe ser comprendido por todo el público, por los ciudadanos de la localidad cuya Semana Santa se anuncia, que deben apreciar en el cartel su Semana Santa y no cualquiera otra y por el devoto que debe reconocer en la obra a la imagen -si está protagonizada por una imagen devocional- que ocupa un lugar de privilegio en su altar de cabecera. Y que si esto no se logra, el cartel es fallido. Incluso despojándolo de la unción sagrada que muchos pensamos que una obra de estas características debe tener y circunscribiéndola exclusivamente al ámbito publicitario, si el cartel no llega a todo el mundo, o a la mayor parte de la población, no sirve. Sin más. Artísticamente podrá ser una joya pero no sirve como cartel anunciador de una Semana Santa. Parece mentira que el señor Cretario y quienes le rodean sigan sin entender esta máxima tan sencilla.

La cartelería cofrade existe para llegar al pueblo no exclusivamente a las élites. Unos artistas lo logran y otros no. Y de esto hablamos y no de arte. Rodríguez Ojeda no pertenecía al grupo de artistas al que solo le interesan las élites sino al segundo. Por eso triunfó y creó escuela. Así de simple. Por eso hay carteles que reciben el aplauso mayoritario y otros no. Igual si algunos son capaces de bajar de la atalaya en la que viven instalados desde hace años, para rebajarse a mezclarse con el populacho, terminan por comprenderlo, o quizá jamás pueden llegar a entender que la Semana Santa es lo que es porque es del pueblo y no de unos cuantos privilegiados.

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