Un nuevo Domingo traemos a Gente de Paz un Evangelium Solis. Hoy se nos dice, que ser católico es alabar, celebrar y dar gracias a Dios por la salvación universal que ofrece a todos. Jesús lo vive todo desde ese horizonte amplio donde caben todos. Según el relato de Marcos, cuando le hablan de su madre y sus hermanos, Jesús responde ensanchando su mirada ante todos los que viven fielmente ante Dios . Todo el que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana, y mi madre”.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
En aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
El los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.
Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Palabra del Señor.
Dios puso a nuestros primeros padres en un paraíso de delicias: Con ríos, con árboles, con praderas, con animales amigos del hombre. Para arrancar a Adán de su soledad, le dio a Eva por compañera. No era extraña sino salida de sus entrañas, de la parte más cercana al corazón. La respuesta de Adán fue de admiración, de asombro, de sorpresa. Lo expresa muy bien Milton en el paraíso perdido. Pone en boca de Adán estas palabras: “Di un salto, como si mi intención fuera llegarme hasta Él”. Este Adán enriquecido por el regalo de Eva, quiere saltar hasta Dios para agradecerle este divino don. Y no sólo eso sino que el mismo Dios estaba tan feliz viéndoles felices, que “ bajaba a la brisa de la tarde a pasear con ellos”. Paz paradisíaca: con Dios, con ellos mismos y con toda la creación.
Es lo que aparece en la primera lectura de este Domingo: “Adán, dónde estás? Sin Dios, el hombre está totalmente perdido. Les pasó a nuestros primeros padres y nos pasa también hoy a nosotros. El hombre de hoy es capaz de subir a la luna, pero no pisa tierra. Miles de niños se mueren de hambre. El hombre de hoy hace trasplantes de corazón todos los días, pero no es capaz de trasplantar amor. “Está desnudo” . Frase que usaban los profetas para hablar del día del juicio y significa: “angustia existencial”. Hombre roto y dividido por dentro. Hasta tal punto llega su angustia que ha caído en el pecado contra el Espíritu. Un pecado contra el Espíritu Santo no es simplemente un hecho, sino una disposición espiritual permanente, es una ceguera culpable por sí misma, un resistirse a la acción salvadora de Dios. En tanto que un hombre persiste obstinadamente en su oposición a Dios, se excluye a sí mismo de la salvación.
Jesús nos habla en este evangelio de una “Nueva Familia” No basada en los lazos de la carne ni la sangre sino en la fe, en el aceptar la voluntad del Padre. Cuando alguien habla del Padre, se entrega al Padre, cumple la voluntad del Padre, Jesús se emociona, se estremece, se llena de gozo. Jesús se siente fuertemente atraído por él. Es como “la voz de la sangre”. Y a esta nueva familia pertenece, de un modo especial, su madre, la Virgen María. Nadie, como Ella, ha sabido cumplir la voluntad del Padre. Aparentemente parece que Jesús es un tanto displicente con relación a su Madre. Pero sólo aparentemente. En realidad ella va a ser la primera en fila de esta Nueva Familia. De esta manera, Jesús dilata las entrañas de su madre y sea así la madre de todo el Pueblo de Dios. Ahora entendemos por qué Jesús rechaza aquel elogio a su madre de una sencilla mujer del pueblo: ”Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”.
Jesús no quiere enmarcar a su Madre en las categorías tradicionales de “pechos y vientre”. Ella escucha la Palabra de Dios, cumple lo que agrada a Dios, y se convierte en madre de todos los creyentes. “Dichosa tú, la creyente”. María es grande por su fe. Y en la primera comunidad estaba presente en la venida del Espíritu Santo. En aquellas primeras comunidades se daban escenas como ésta: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y un solo espíritu. Nadie consideraba sus bienes como propios… daban testimonio de la Resurrección de Jesús. Todos gozaban de gran simpatía”. María no había subido todavía al cielo. Estaba presente en la tierra y y dejó su huella en aquellas comunidades.





