El pasado 17 de febrero, la hermandad del Cristo de Gracia vivió una jornada cargada de importantes dosis de intensidad merced al traslado de su titular cristífero a la Santa Iglesia Catedral para presidir el Vía Crucis de las hermandades que este año estuvo presidido por la imagen del Esparraguero, con motivo del 400 aniversario de su llegada al Convento de los Trinitarios. Un traslado que deparó un gran número de escenas para el recuerdo.
No obstante, hubo una situación que estuvo preñada de un especial significado. Tras el rezo del Vía Crucis, el crucificado hizo noche en el Convento de la Encarnación, donde al día siguiente, domingo 18 de febrero, se celebró una eucaristía en su honor, para proceder a su conclusión al traslado de vuelta y culminar un traslado que ya forma parte de la memoria colectiva de los hermanos de la corporación.
Ahora, meses después de aquel acontecimiento, un regalo muy especial ha querido rememorar aquella hermosa jornada y, al mismo tiempo, evidenciar la huella que la presencia del imponente crucificado indiano dejó en aquellas mujeres que dedican su existencia en implorar para la humanidad entera, poniendo en valor, con cada gesto, el mensaje imperecedero del Hijo de Dios. Un sudario muy especial que luce el Esparraguero, en recuerdo de aquella inolvidable estancia.






