El Sevilla FC acude a buscar la sonrisa de la Virgen de los Reyes

Hay emociones que se hallan íntimamente enraizadas en el sentir popular de los pueblos y en los rincones más íntimos del alma de los seres humanos. Emociones directamente relacionadas con el sentimiento de pertenencia a un grupo por razón de unas creencias o acaso por el amor a unos colores heredados o aprendidos, que propician que el corazón lata de una manera única e intransferible en virtud de cómo enseñaron a cada cual a respirar en su más tierna infancia.

De ahí que, con una frecuencia que algunos podrían considerar inusitada, estas maneras biunívocas de sentir se entremezclen en escenas como las que se han vivido este miércoles en la Catedral de Sevilla, lugar al que han acudido los miembros del consejo de administración y los componentes de la primera plantilla del Sevilla FC para realizar la ya tradicional ofrenda floral a la Virgen de los Reyes, la gran devoción de Sevilla, la única que probablemente que no admite dicotomías en una ciudad donde todo se vive de manera antagónica, fraternal y antagónica… siempre al mismo tiempo.

Como siempre, el Padre Indalecio fue el encargado de oficiar la misa, que se alargó por algo más de media hora y en la que se recordó la figura de tres insignes sevillistas desaparecidos en los últimos meses: «Se nos han ido este año tres pilares claves: un buen presidente, Roberto Alés; un buen jugador, José Antonio Reyes, y un buen socio, el número uno, Antonio García Guzmán», afirmó. Posteriormente se realizó la ofrenda floral, en cuya foto también posaron los socios más antiguos del club. Únicamente se han ausentado de la celebración los jugadores Munas Dabbur y Munir El Haddadi, ambos de confesión musulmana. Nada más finalizar el acto, toda la plantilla, el cuerpo técnico y el Consejo de Administración se dirigieron a pie al Restaurante Robles Placentines para el tradicional almuerzo.

Ante la Virgen de los Reyes, el Sevilla FC ha pedido por una campaña llena de éxitos y al mismo tiempo, cada uno de los sevillistas que han acudido, física o mentalmente a reflejarse en la incontenible sonrisa de la Madre de Dios, habrá aprovechado para hacer partícipe a la Virgen de los Reyes de sus más íntimas emociones, aquellas que, cuando se tamizan por la fe, se erigen en cauce para que el ser humano se encuentre un poquito más cerca del paraíso.