Suspira el querubín por una hermandad que está viviendo uno de esos momentos en que a más de uno se le pone cara de Viernes Santo y no hablamos de la de aquel que dirige los cortejos sin dirigirlos, porque mandar de verdad requiere mucha responsabilidad.
Susurra el serafín porque está hambriento y en el cielo no ponen platos de pasta ni regalan bebidas y ha decidido aletear hasta una taberna cordobesa donde ponen ricas viandas, que saben mejor que unos macarrones recién hechos.
Suspira el ángel porque sabe que donde dan cosas gratis se cumple la máxima de que lo barato sale caro y a veces cuesta un puesto, y con el tiempo puede costar hasta al que aspira a mandar y que le ha puesto cara de Viernes Santo a todo el mundo. ¿Quién sabe si el día de la extraordinaria que planea el cielo se pondrá, de eso, de Viernes Santo?





