Suspira el querubín por quienes antes que primos fueron hermanos, se abrazaron y amaron hasta el extremo y tanto fue así que confraternizaron y hasta bromearon con la banda que le iba uno a otro a quitar, pues había tanto amor en el aire conventual que ni en la canción de John Paul Young.
Susurra el querubín que tanto quiso a la banda que unas elecciones futuras le han roto el amor como en la canción de Rocío Jurado. Y no de tanto usarlo, sino de usarlo, sí, pero para otra cosa.
Suspira el Ángel porque sabe que quien cambió las trompetas por cornetas, ahora se ha encaprichado otra vez con las primeras, pero no porque le gusten más, sino porque cree que le dará tantos votos como a esos nacionalistas que viven en el exilio, aunque el suyo es más interior que exterior.





