El taller de bordado del Perdón, historia de un sueño compartido

Hace apenas unos días, nuestro medio se hacía eco por partida doble de la inmensa labor desarrollada por el taller de bordado de la Hermandad del Perdón, que cuenta con la experiencia y la destreza de Carmen Domínguez Rico, quien comenzase su extensa trayectoria en el bordado nada menos que a la edad de 11 años en los talleres de Carrasquilla y en el celebérrimo taller Manfredi de toreros, el cual arrancase su andadura en la capital hispalense en marzo de 1990. Incalculable experiencia que ha dejado huella en piezas como el manto de malla de la Macarena o el techo de palio de la Hermandad de la Hiniesta.

Una incansable tarea que se ha complementado con su trabajo transmitiendo su maestría en distintos talleres desde el año 1993 y más concretamente en la cordobesa Hermandad del Perdón desde 2015, donde ya se hizo notar el año pasado como responsable del proceso de ejecución de un pecherín bordado en oro sobre terciopelo negro para María Santísima del Rocío y Lágrimas para volver a cobrar ahora un nuevo y merecido protagonismo al ser ella misma la encargada de dirigir las tareas de bordado en oro fino que vendrán a enriquecer los respiraderos del primer paso de la cofradía, bajo el diseño de José Carlos Rubio Valverde, cuya primera fase ha sido concluida el pasado lunes con la presencia de Gente de Paz en la Casa de Hermandad de la corporación del Buen Pastor, donde hemos sido acogidos con un cariño incomparable y tenido el placer de conocer a todo el nutrido grupo de personas que forman parte del equipo que dirige Carmen, con Elena Jiménez, vocal de liturgia en Junta de Gobierno a la cabeza.

Precisamente en ese mismo taller de la cordobesa hermandad de San Roque hemos podido ser conocedores del entusiasmo con que es acogido un gran proyecto en el seno de una cofradía como la del Perdón, sensación que sirve de motor y se convierte en el impulso necesario para que todo fluya con asombrosa rapidez y que en esta ocasión se ha materializado en los descritos bordados de los respiraderos del paso del Señor, lo cual no ha sido obstáculo alguno para que este espacio se convierta en el escenario de toda clase de creaciones, fruto de las valiosas enseñanzas que Carmen se encarga personalmente de hacer llegar al resto de su apasionado equipo.

Tras mencionar los 20 años de experiencia en la ciudad vecina, Carmen Domínguez nos recordaba sus comienzos en los citados talleres de Carrasquilla – donde recibiría su formación – aunque anteriormente ya habían aparecido en su vida las hermanas Navarro, quienes fueran las encargadas iniciarla en el que poco más tarde se convertiría en su mundo. Quedaría aún por llegar la etapa en el taller Manfredi de toreros y otra posterior en la que su verdadera vocación hubo de quedar aparcada temporalmente por unas determinadas circunstancias, aunque nunca significó el absoluto abandono del bordado.

La llamada de la enseñanza, por su parte, se convertiría en una realidad nacida del deseo de que este antiguo, minucioso y bello trabajo no solo no cayera en el olvido, sino de que además fuese traspasado a otras personas con todos sus conocimientos, procesos lógicos e ideas renovadas que la propia Carmen define como “reciclaje”.

En cuanto al método de trabajo desempeñado por este infatigable conjunto de la corporación del Miércoles Santo, cabe destacar la ausencia de cualquier material sintético, pues según las propias palabras de las integrantes del taller, todo se hace “en oro fino, sin trabajar tampoco con sobrepuesto, sino con bordado, lo cual es fundamental”. Con ello, recordaban asimismo el famoso “recorte” propio de la década de los 70, posiblemente producto de una moda y de las circunstancias económicas de aquellos tiempos.

A pesar de esos casos concretos, Carmen rememora los antiguos procedimientos de bordado con especial cariño, aclarando que “antes se era más curioso y los materiales eran más finos” y que, en la actualidad, los materiales son considerablemente más modernos y variados entre los que incluyen el muletón, la malla – aunque dentro de ella existan también distintas calidades en su confección – el fieltro y el escay, aunque este último sea poco apto para la labor del bordado, teniendo en cuenta que no se trata de una tela al uso y que sus características particulares hacen que sufra mucho más el paso del tiempo.

A todo lo anterior, hay que añadir la gran cantidad de técnicas empleadas en sus labores rutinarias, las cuales comprenden el bordado con cartulina – puesto que esta se coloca bajo el tejido para pasar el hilo a través de esta – el dorsal, moteado, muestra, briscado y hojilla. Por otra parte, suman también para completar el denominado canutillo mate, canutillo brillante rizado, canutillo inglés – popularmente y curiosamente más conocido como “canutillo de estirar” – y la aplicación de las clásicas lentejuelas, independientemente de su forma y diseño, en definitiva.

Un maravilloso equipo humano que conjuga personas de edades y procedencias diversas con el mismo fin, materializar en bordado su ilusión infinitas y la destreza aprendida, encabezado por la maestra Carmen Domínguez que viene de Sevilla, Juanfran Pacheco y Javier Moreno que proceden de Cabra, Isabel Pineda que viene de Rute, Manuel Castro desde Jaén y Mª Carmen Aguilera, Elena Jiménez, Ana Palma, Ángela Rojas, Lola Romero y Lola Triguillos todas ellas de Córdoba.

Por supuesto, tampoco nos podíamos olvidar de los distintos pasos que hacen posible los complejos y completos bordados que tanto aportan a la estética de una hermandad y que se resumen en un proceso que parte “de la plantilla en base al dibujo, con el que se hace una copia, se recorta el motivo, este se pasa al ya comentado muletón, se recorta, se lleva al bastidor, se puntea y, finalmente, se empieza a bordar”.

Al final de todo este extenso recorrido, lleno de anécdotas, de complicidad, ganas de aprender y el esfuerzo de un equipo personas excepcionales, juega un papel esencial la colaboración, la comodidad y la libertad de trabajo que tanto ampara la propia Hermandad del Perdón, desde que el proyecto se convirtiese en una realidad hace ya tres años, renovando la ilusión en los nuevo períodos que van desde los meses de octubre o noviembre hasta mayo y que contempla para el año próximo la finalización de los respiraderos centrales con los que los del Buen Pastor verán enriquecido su patrimonio una vez más.