Se acerca mayo, mes de María, y en nuestras calles el olor a flores es cada vez mayor. Nos gustaría que se sucederían los fines de semana repletos de procesiones, de bandas, de verbenas, de alegría y quizás en este largo período sí que podamos recobrar nuestras tradiciones. Sabemos que cada vez es más duro asimilar todo lo que nos estamos perdiendo en nuestras calles, pero si seguimos venciendo al virus ojalá antes de fin de año podamos ver una procesión en nuestras calles.
¿Acaso no son viables muchas de las glorias de barrios y pueblos que congregan solo a sus vecinos? No dejan de ser manifestaciones, aunque al ser religiosas todos sabemos que para muchos somos de otra categoría. Tenemos ante nosotros la oportunidad de que por primera vez en mucho tiempo las glorias tengan el protagonismo que realmente merecen y sería apasionante que se puedan cumplir nuestros deseos.
El tiempo de glorias volvería a ser tratado como merece, como un auténtico referente en el culto externo e interno y en su exquisito patrimonio que debería ser mucho más valorado. Por todo esto, y porque como cofrades nos gusta soñar, volvamos a vivir con ganas este tiempo de ilusión.





