El viejo costal | Cinco días, solo un suspiro

Estamos a punto de llegar a nuestro particular Portal de Belén, cada uno en su casa tendrá, imagino, un pequeño o quizás no tan pequeño, donde los pequeños de la casa, un poco a hurtadillas, o con inocencia descarada, muden casi a diario las figuritas de un emplazamiento a otro, buscando un lugar más adecuado, y es que los emplazamientos de las figuras cambian su validez, casi con la misma velocidad que pasan los segundos. 

Ya hemos pasado por las dos Esperanzas, la de Triana con su Triduo, finalizado el domingo pasado, la Macarena tras tres años de impaciente necesidad, por fin sus fieles han podido depositar un beso en su anheladas manos, finalizó este besamanos el pasado día dieciocho, y sus hermanos han podido disfrutar de día y de noche, ya que han participado en una “Velá”, cada día desde la medianoche hasta la cinco de la mañana, y tras la misma, una Santa Misa.

Estas celebraciones, junto con la novena de las posadas,  son siempre señales que nos indican la proximidad del nacimiento de nuestro Redentor, y a pesar de que somos seres humanos, y estamos llenos de ingratitud, no nos damos cuenta de que solo cedemos ante el dolor, y que las más de las veces, es el dolor el que nos hace refugiarnos en nuestros titulares, en nuestra religión, usada a modo de refugio, de protección, y lo que nos hace acercarnos a nuestros templos en particular rogativa para eliminar o evitarnos ese ocasional dolor.

A pesar de ser seres con el don de dones, me refiero a la inteligencia, nos somos capaces de entregar nuestro corazón plenamente a Jesús, muchas veces por tenerlo lleno de soberbia, otras ocupado por el desprecio, quizás otras por el olvido, no dándonos cuenta de que cuando hacemos esto estamos casi blasfemando.

Esta contienda, que es humana, es nuestra en nuestra conciencia, no podemos pensar que lavamos a nuestra conciencia con algún donativo, algo de limosna, una atropellada oración rápida y distante, inconsciente y mecánica.

La verdadera oración ha de partir del corazón y ser entendida en su total plenitud, y para ello se ha de tener el mismo lleno de amor a Jesús y a la Virgen María, ejemplo de mujer, que lo llevó desde el sagrario de su inmaculado vientre, hasta el Gólgota, y desde allí a la sepultura, soportando tres días antes de la razón de nuestra fe, su Resurrección.

Por esto mismo, siempre me hago la misma pregunta ¿la Navidad es el principio o el final?, ¿el origen de nuestra fe, es el mismo nacimiento de Jesús, o el origen es Jesús venciendo a la muerte?, quizás todo es cuestión de amor a nuestro Señor, amor a nuestro prójimo, de amor a nuestros enemigos.

Amando es como debemos de pasar estos cinco días que aún nos faltan, amando es como se limpia de verdad nuestra conciencia, amando es como nos hacemos hombres de Dios llenos de plenitud, amando nos realizamos cristianos fieles a nuestras creencias y tradiciones, además de obedecer el sagrado mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Ahora, cumplidas estas premisas en estos cinco días, me gustaría desearte una vida plena llena y rebosante de amor, y como no, una FELIZ NAVIDAD.