El patio, es la zona más íntima de muchas casas en Andalucía, es el corazón de la casa, es el lugar donde más se convive y donde nos refugiábamos muchos de “la calor” insufrible, y de las miradas de los extraños, ambas tan habitual en nuestra tierra.
El patio es donde laten nuestros corazones y donde se vive la vida, entre gitanillas y geranios, bañados por los efluvios de una dama de noche, de una lila, del azahar del limonero lunero, obligado en cada casa, allí era donde se templaba una guitarra, o se oía la radio, todos sentados cerca del siempre existente pilón, fuente o al menos un botijo rambleño, en el que a veces caía dentro por casualidad unas gotas de aguardiente, que aumentaba la capacidad de refrescar y aromatizaba el agua, compartida entre los miembros de la familia.
El patio era el lugar donde las casas cazaban el poco aire que corría, donde la conversación era la estrella y las prisas no existían, donde los padres impartían eso tan raro que se llama educación, donde nos enseñaron a respetar lo que hay que respetar, donde nos enseñaron que hay que oír primero a los mayores, allí es donde aprendimos que la vida es eso que pasa tan rápido y que en el patio se ralentiza, donde los segundos se hacen minutos, y las noches parecen eternas por su pasar lento.
El patio con sus paredes dibujadas a golpe de macetas, con su suelo refrescado a garfadas de agua desde un viejo cubo de cinc, allí sobre una silla de anea, donde las señoras a golpe de abanico, dejan una cadencia inolvidable de varillas sobre los botones nacarados de la blusa, mientras bailan, a este son, sus cabellos mecidos por las olas de aire que lanza el decorado abanico.
Hace unos días cené en el que era el patio de mi casa, llevaba sin entrar en él más de una década, y mientras compartía cena, conversación y patio, me fui dando cuenta que no era como en otros tiempos, me faltaban familiares, a aquellos que amaba como hermanos, ahora corren otros tiempos, otros hermanos ocupan el lugar, pero lo que nadie puede suplir es lo que hemos vivido en ese patio, el patio de la casa de Hermandad, mi casa, nuestra casa, que todos debemos mantener fiel a su funcionalidad y tradición, para que nunca nos falte ese refugio del calor, de intimidad y de familia.
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