El viejo costal | Goliat gana siempre

El grande y poderoso gana siempre, pues puede avasallar al débil. Es lo que ocurre en la naturaleza: el poderoso, sin contemplación, decide sin tener en cuenta las necesidades del más frágil. Y a esto me recuerda lo sucedido a dos de las hermandades más pequeñas y quizás más necesitadas de ayuda para el año 2026.

Le ha ocurrido a la Piedad de las Palmeras y a la Hermandad de la Agonía del Naranjo: ninguna puede iniciar ni finalizar su estación de penitencia en la SIC. A la primera solo le queda tres opciones: buscar una posible sede, como pudiera ser la Parroquia de la Inmaculada, instalar una carpa en los Jardines de la Victoria, o dejar de salir.

Lo mismo, prácticamente, le sucede a la Hermandad de la Agonía en el Martes Santo, quedando, como en el caso anterior, las mismas posibilidades: buscar un templo alternativo, usar una carpa o renunciar a su estación de penitencia.

Así vamos viendo los cofrades cómo el grande y poderoso avasalla al débil y pequeño, al necesitado de apoyo y ayuda. El poder se impone sobre la fragilidad. El grande y poderoso representa la fuerza física, la autoridad o la riqueza; el débil y pequeño encarna la vulnerabilidad, la carencia de recursos o la inocencia.

No puedo menos que recordar que esta tensión aparece en mitos y epopeyas: Goliat frente a David, el imperio frente al pueblo, el poderoso frente al humilde. Y tampoco puedo dejar de reflexionar sobre la injusticia: cómo el poder, cuando se ejerce sin ética, termina aplastando al que no puede defenderse.

No me corresponde a mí dar posibles soluciones. Solo quiero señalar al Cabildo Catedral, a la Agrupación de Cofradías y a las hermandades coincidentes con estas dos que, en clave espiritual o moral, lo veo como una advertencia: “la verdadera grandeza no está en dominar, sino en proteger.”

Y yo, desde mi modesta opinión, veo el dominio, pero no encuentro ni veo por ningún lado la protección: ni de las hermandades, ni del Cabildo Catedral, ni de la Agrupación.