El viejo costal | Los costaleros avanzan que es una barbaridad

Ahora muchas noches salgo a pasear por la ciudad, ando por callejuelas, parques, plazas y por donde mis cansados pies me llevan, siempre con la mente entretenida divagando en los mil asuntos que envuelven mi vida, como las de todos.

Muchas noches me he encontrado con trasnochadores ensayos de cuadrillas de costaleros, que enfrentados al frio, al tardío horario, realizando un simulacro de corta duración, y me obligan a decir: “hay que ver cómo avanzan los tiempos, es una barbaridad”. Los veo y pienso en cómo ha evolucionado el tema de la uniformidad, todos con las mismas zapatillas, al menos en su color, todos con los pantalones perfectamente arremangados a mitad de espinilla, y calcetín y caña al aire, todos con camisetas de tirantes, mostrando bíceps, pectorales, al aire independientemente de la temperatura del exterior, todos con la sudadera perfectamente doblada, y amarrada a la cintura, dejando perfectamente sobre el trasero, el bordado con el nombre de la hermandad o de su titular, todos con costales que más parecen dibujados que hechos de tela, todos perfectamente coordinados y uniformados de la forma descrita.

Mucha gente, yo creo que demasiados, pregunto a veces y casi siempre van cuadrilla doblada y con picos, todos coinciden en quejarse de que tocan a poco, y eso denota que falta trabajo, nunca en mis tiempos nadie se quejó de poco trabajo, quizás fuese porque el trabajo era el que había, de losa a losa, y con suerte un solo relevo para los cinco del palo, nunca pedí más madera, siempre me sobraba, y nunca me sobraron ganas ni fuerzas, pero por lo que veo y me dicen, ahora es distinto, la consecuencia de esto es que falta capacidad de sacrificio.

Yo noto, una clara falta de compromiso, salen sin casi conocer al titular, yo no digo que todos, pero si en muchos casos, salen como el que escoge un gimnasio, o un entrenador de futbol, no por el color de su club, si no por quien los dirige, otros por el peso a llevar, y algunos por verdadera fe en su titular, lo que si he percibido en todas las cuadrillas que he escrutado es que ya la amistad con tu compañero, ese que siempre va a tu lado, pues casi ha desaparecido, muchas veces, al ser tantos en la cuadrilla no llegan a establecer amistad, si contacto, pero amistad, casi nunca.

Falta ese pegamento universal de almas, ese que hace que aprecies como nadie a tu fijador, costero o corriente habitual, ese que se llamaba sufrimiento, ese que te aliviaba, ese incuestionable amigo de siempre, que al notar flaqueza en tu caminar, te metía el hombro casi debajo de tu costal y llevaba lo tuyo y lo suyo, que alivio más grande, que vida te daba, tanta que te volvía a meter en la realidad de la penitencia por el auténtico sacrificio, auténtica penitencia y verdadera unión.

Y eso es que lo que he notado que sobra en muchas cuadrillas es el exceso de postureo y exhibición de músculos y lo que falta es compromiso, amistad, sufrimiento y unión.