Toda la responsabilidad de la Iglesia está ahora depositada sobre los hombros del Camarlengo. En la actualidad ocupa este cargo el Cardenal Kevin Joseph Farrel, presidente del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, que, desde el fallecimiento de nuestro Papa Francisco, es el máximo responsable de la gestión del mundo cristiano, será responsable hasta el momento de volver a escuchar de sus labios la frase “habemus Papam”
Él será responsable de reunir a los ciento treinta y ocho cardenales, que entraran en la Capilla Sixtina, otro destacado momento del inicio de las votaciones y deliberaciones, que entre oraciones se inician tras el pronunciar en latín la frase “Extra Omnes”, momento en el que solo quedan en la sala con sus puertas cerradas, los participantes con voto, aislados del mundo exterior.
Todo este proceso será responsabilidad del camarlengo, quien asume temporalmente la gestión del Vaticano, además es su responsabilidad haber verificado su fallecimiento, para lo que habrá golpeado tres veces la frente del fallecido Santo Padre, con un martillo de plata, pronunciando su nombre, verificada su muerte sellará todos los aposentos papales, procederá a destruir “el anillo del pescador”, así como su sello de plomo, tras lo que convocará el cónclave, para lo que será asistido por el Colegio Cardenalicio, ambos organizarán esa secreta reunión donde será elegido el nuevo Papa.
Durante la “sede vacante” nadie puede ejercer la autoridad de un Papa, solo pueden mantener las administración básica, ya que el verdadero poder de tomar decisiones estará suspenso hasta el la elección de un nuevo pontífice, lo habitual es que en el plazo de quince o veinte días estén los cardenales electores, que son los de menos de ochenta años, votando a los distintos candidatos hasta que alguno de ellos alcancen la mayoría necesaria de dos tercios, en tanto nosotros estaremos atentos a esta transición eclesiástica, y pendientes de quien será el responsable de gobierno espiritual del mundo cristiano.
Será cuatro votaciones al día, que anunciaran su resultado por la chimenea de la Sixtina, donde todo el mundo cristiano esperará la salida de la “fumata blanca”, ese humo blanco que anunciará la elección del nuevo Papa, finalizando todo el proceso cuando el cardenal protodiácono más antiguo proclame el “Habemus Papam” informando sobre el nombre secular del nuevo pontífice, y el escogido para ejercer sus funciones.
La responsabilidad de un camarlengo es máxima, el propio Papa Francisco declaró a la BBC, que dio su carta de renuncia al cardenal camarlengo en el proceso de sucesión con Benedicto XVI, y dijo en la misma entrevista: “Yo la firmé y le dije: en caso de impedimento por cuestiones médicas o qué sé yo, acá está mi renuncia. Ya la tienen. No sé a quién se la habrá dado el cardenal Bertone, pero yo se la di cuando era secretario de Estado”
Aún me duele la soledad del que fue el único Papa que ha rezado en solitario en la Plaza de San Pedro, amargo recuerdo, cuando aquel día, 27 de marzo de 2020, cuando en pleno confinamiento por el corona virus, su soledad en la oración, fue el reflejo de toda la soledad y el dolor de una humanidad confinada.
Ahora solo esperaremos con tristeza su sepelio y deseando que vuelva la alegría al ver otra “fumata blanca”, esperanza de continuidad para el mundo cristiano.





