Nuestra religión es muy fácil de desarrollarse en España, a pesar de la laicidad manifiesta del estado y la oposición de sus organismos de gestión, extremadamente fácil, durante esta semana segunda de Pascua he visto innumerables artículos de prensa señalando las dificultades que tienen nuestros hermanos en la ciudad de Jerusalén, donde rodeados y aprisionados por los practicantes de judaísmo, y el islam, ha estallado una serie de ataques de musulmanes contra agentes del orden israelíes, pasando esa violencia a Gaza entre otros lugares.
Desde diciembre del pasado 2022, que se formó un nuevo gobierno por el primer ministro Beniamin Netanyahu, asociado con extremistas religiosos, ha hecho que los extremistas judíos, se sientan respaldados y ha disparado el acoso al clero y el vandalismo a los edificios y símbolos religiosos durante todo este año.
El franciscano Pierbattista Pizzaballa, patriarca de Jerusalén ha manifestado en una entrevista durante nuestra Semana Santa de la Agencia AP. “La frecuencia de estos ataques, las agresiones, se ha convertido en algo nuevo; estas personas se sienten protegidas, la atmósfera cultural y política ahora puede justificar o tolerar acciones contra los cristianos”, la sede de Jerusalén abarca Israel, Jordania, Palestina y Chipre, con un total de 300.000 católicos de los 15.000 de ellos viven en Jerusalén.
Los ataques de los últimos tres meses han pasado por destrozar tumbas en el cementerio protestante del Monte Sión, ataque por dos israelíes con una barra de metal en la iglesia de la Agonía, rotura a martillazos de una imagen de Cristo en la iglesia católica de la Flagelación, e innumerables pintadas llenas de odio en muchos de los muros de los conventos.
He visto en una conocida red social un video donde unos jóvenes imberbes, con los conocidos sombreros negros, y tirabuzones, vestidos con chaquetas negras, algunos de ellos con kipá, escupen a los pies de dos monjas que sencillamente hablaban bajo el dintel de una puerta, gritando frases, que no llego a entender, pero que puedo asegurar no eran precisamente una muestra de educación, ni de cariño, y he de reconocer, que me rompe muchas de las ideas que tengo de las religiones monoteístas que conozco, donde todos sus componentes por separado manifiestan que su religión solo desea la paz entre los hombres.
Por esto mismo no llego, ni quiero llegar, a comprender siendo judíos y cristianos hijos del mismo Dios, están consiguiendo desde su situación de prepotencia, apoyados indudablemente por el gobierno, afín a los extremistas religiosos, están consiguiendo que muchos de nuestros hermanos vayan abandonando Tierra Santa, donde solo vale de momento ser judío o musulmán, donde reina la violencia y donde cada día hay muertes, causa del origen del aumento constante del odio en la Vieja Ciudad de Jerusalén, y del abandono de muchas familias cristianas de ese calvario diario, donde lo difícil es ser cristiano en la propia casa de Jesús, un auténtico calvario para nuestros hermanos que allí intentan vivir su religión.
Ahora podemos consolarnos con aquella clásica frase “es que no tengo tiempo”, y disfrutar de nuestra libertad, pero lo que no debemos es de olvidarnos de la frase de nuestro Papa Francisco, que en enero ya manifestó “uno de cada siete cristianos sufre hoy persecución”.
Ya, pero de lo que no deberíamos de tener tiempo es de poder callar a nuestra conciencia.





