En el horizonte

Buscar una motivación que nos ilusione a los cofrades en la época estival suele requerir un arduo trabajo. Mientras el calor azota y los recuerdos permanecen lejanos en la memoria, ponemos nuestras miras en nuevos horizontes que nos recuerden la tan añorada Semana de Pasión que tanto nos hace sentir en tan efímero intervalo de tiempo.

Es por ello que nuestra mente viaja a los prolegómenos de la época otoñal, tiempo en el que se renueva el fervor y las condiciones climatológicas permiten la celebración de acontecimientos extraordinarios. Magnas y extraordinarias se funden en un sinfín de emociones que evocan la necesidad humana de portar a Dios por las calles de nuestra querida tierra, porque es cuando Él está en la calle cuando todo se congela, Él solo Él y su Bendita Madre. Buscar el encuentro con Dios y alcanzar el bien más preciado de la piedad popular.

Muchos ponemos el objetivo en aquellas dos magnas que contribuirán al renacer de la vida y a multitud de extraordinarias que volverán a teñir del color de la alegría nuestras calles y plazas mientras la espera nos perturba la mente hasta la llegada de un nuevo amanecer en el nuevo tiempo de un renacido curso cofrade.