Lluvia, sol, nubes, niebla… A escasos días de la Semana Grande aún no sabemos el tiempo que nos hará en estos días, y los cofrades que miramos al cielo desde que empezó la Cuaresma, no cesamos ni lo haremos de pedir a nuestros Titulares una semana alejada de las inclemencias del tiempo.
Pase lo que pase, una cosa está clara: seguimos preparándonos, con los nervios de un niño que va al colegio el primer día de un nuevo curso, con la emoción de una novia que ve culminada su ardua espera para pasar por el altar, con la alegría y el orgullo de un abuelo que recibe a sus nietos en su casa para que pasen el fin de semana… simplemente, con estos sentimientos, seguimos restando los días que nos quedan.
Esta espera se vive más intensamente en San Lorenzo, barrio cofrade por excelencia, en el que la Reina de la Iglesia que da nombre a este vecindario, está cansada de pronósticos del tiempo y decide bajar de la capilla para acercarse aun más a nosotros subiéndose a su paso, diciéndonos así, que utilicemos el tiempo que perdemos mirando en internet afirmaciones meteorológicas cambiantes para ir a verla a Ella, pues nos está esperando.
Como si del cuento de Cenicienta se tratara, sus vestimentas de hebrea se tornan a galas de reina, pero ni esto es un cuento, ni gracias a Dios, a media noche se acaba.
Sus hadas madrinas, junto a su querido vestidor, Francisco Miras, entre saeta y saeta crean la magia que cambia su vestuario, y junto a él, dejan en su pecho un regalo. Un corazón atravesado por el puñal de Simeón, con él que ya le obsequiaron en Octubre pero que deslumbra por primera vez bajo el palio y por el que gracias a él, más cerca de ella estarán este Miércoles Santo. El fajín de pedrería que adorna su cintura, bajo la faja de general de Don Antonio León Villaverde, la belleza de su rostro potencia y bajo una pectoral negro bordado, su gran corazón nos espera.
El manto negro que porta el escudo de su hermandad, con gracia cae sobre el paso plateado y de sus humildes manos, un nuevo rosario estrena, donado por su Camarera Mayor, la cabeza de estas hadas madrinas: Dña. María del Carmen Jiménez-Alfaro y Salas, Condesa de Prado Castellano. Tu característica mirada al cielo me hace plantearme como de Tu Mayor Dolor yo consigo calmarme, pero lo que mas me encanta de Ti, es el cariño infinito que desprenden tus brazos, pues prometen acogerme si mi alma cae a pedazos.
Hoy doy gracias por encontrarte en mi camino Madre, de ser Tú la que guíes mis pasos, de ser yo la que en esta hermosa historia encontrara tu zapato.






