A pulso aliviao, Opinión

¿He leído reforma?

La literatura y su conveniente lectura en el momento propicio puede darnos la respuesta a los cambios de guión que acaecen en el día a día, esos que cambian los esquemas de las cosas o llegan para mejorar lo que requiere una solución urgente.

Uno de esos libros de los que hablo es “El Gatopardo” de Giuseppe Di Lampedusa. ¿Lo han leído? No tiene desperdicio. Su autor explica a través de él la llamada ”Estrategia Lampedusiana”, que viene a decir que para que nada cambie hay que cambiarlo todo. O lo que es lo mismo, revoluciona lo que ya no funciona.

Cuál ha sido mi sorpresa cuando esta misma semana, he descubierto a muchos lampedusianos en el mismísimo Consejo de Cofradías de Sevilla, a tenor de la comentada reorganización o reforma de los días de la Semana Santa.

La intención de la institución de la calle San Gregorio, lo digo desde la más pura sinceridad, es buena de principio a fin, de eso no hay ninguna duda; pero la ejecución, ay la ejecución, es de momento una patata caliente o un grano en las posaderas que tarde o temprano reventará.

Y digo esto porque Paco Vélez y su batallón se han propuesto lo que tantos otros han evitado durante décadas y que el mismo Lampedusa acuñó, eso de cambiarlo todo para que todo siga igual; es decir, modificar la Semana Santa para que siga discurriendo como un reloj.

El problema reside en que una reforma que se precie no puede tener éxito si se va al meollo de la cuestión, que es desde donde hay que trabajar.

El Consejo habla de adelantar horarios en la carrera oficial, de finalizar el día con las cofradías más cercanas, de entradas con tope a las 3 de las madrugada (una hora tardísima de por sí para días laborables), alternar los caminos de vuelta al salir de la Seo hispalense, o de variar la posición de las hermandades en cada jornada.

Pero en ningún momento se habla de los pilares que debería tener una auténtica reforma de la Semana Santa sevillana: La limitación de nazarenos en determinadas corporaciones que no dan más de sí, como recalca más de un hermano mayor cuando tiene ocasión; cambio sin complejos de la propia Carrera Oficial, que es una absoluta ratonera que no da más de sí, y pide a gritos una ampliación por seguridad y comodidad tanto de cortejos como de abonados a las sillas; y no menos importante, la adaptación de los Oficios en la Santa Iglesia Catedral al paso de las cofradías para evitar retrasos y demoras absurdas.

A esto se podría añadir reforma de itinerarios para desatascar los criticados trenecitos en la Cuesta del Rosario o el Salvador, pasando por ejemplo por esa bellísima y céntrica calle Fabiola para salir a Santa María la Blanca y a la Alfalfa.

En resumen, para que los días de la Pasión sigan brillando como antaño hace falta entrar de lleno en el barro e impregnarse de él. No caben las medias tintas ni pequeños arreglos que, tarde o temprano, revelarán sus fisuras.