Advertisements
El Cirineo, Opinión

Hermanos mayores de paja

Muchos son los cofrades que, a lo largo y ancho de la geografía cofrade, deciden dar un paso al frente cuando la hermandad a la que pertenecen convoca elecciones al cargo de hermano mayor y, si bien es cierto que la mayor parte de ellos es plenamente consciente de la responsabilidad que con esta iniciativa asumen, otros, unos pocos, evidencian una ceguera incomprensible y una inconsciencia desoladora. Cofrades que no asumen que en el preciso instante en el que aspiran a hacerse con la vara dorada, se convierten automáticamente en personajes públicos, lo quieran o no, no digamos ya si obtienen el respaldo mayoritario de sus hermanos, siendo consecuentes con el hecho de que ser hermano mayor conlleva muchas cargas y ésta es una de ellas. Los hay que se empeñan en ocultarse bajo las piedras, exigiendo a quienes les rodean que su teléfono no circule por según qué mentideros, afirmando, sin que se les caiga la cara de vergüenza, que ellos “no son nadie para tener que conceder entrevistas”, mientras juegan a filtrar digitalmente informaciones buenistas y sesgadas a sus “periodistas de cabecera”, en la creencia de que con ello cumplen con su obligación frente a los medios, demostrando que su preparación para asumir un cargo de este calado se reduce a la nada absoluta y esperando una perenne palmada en la espalda que termina por convertirse en una utopía.

No obstante, con ser grave este hecho que implica una fragrante falta de respeto a los hermanos de la corporación a la que representan y, por extensión, a los miles de devotos de las imágenes devocionales – a los que también se deben – a cuyos titulares la hermandad que gobiernan rinde pleitesía, existe otro, a mi juicio, mucho más pernicioso: los hermanos mayores de paja. Sujetos que han sido elegidos, bien por su condición de personajes infinitamente grises, por ser personas tan sumamente ocupadas en sus quehaceres cotidianos que son incapaces de dedicarle tiempo a su trabajo como máximo responsable de una hermandad o por ser individuos cuyo desinterés por la cofradía a la que han aceptado dirigir es directamente proporcional a la indiferencia que les produce el hecho de convertirse en meras marionetas, que encabezan una lista “electoral” con el único objetivo de que quienes realmente aspiran a regir los destinos de la hermandad no asomen la cabeza para que quienes han de ejercer su derecho al voto no huyan despavoridos o voten al contrincante, protagonizando un engaño en toda regla a sus propios hermanos, que asisten a posteriori, a caballo entre la indignación y el desencanto, como terminan ocupando cargos de relevancia los mismos que en el pasado tanto daño hicieron, generalmente con el objetivo de destruir todo lo que otros construyeron.

Existen muchos ejemplos de este tipo de situaciones y, con total seguridad, a muchos de ustedes se les vendrá cabeza algunos de ellos. Podríamos nombrar a la dirigente con cargo en entes superiores que mueve los hilos de la hermandad a la que no aportó absolutamente nada, salvo la recuperación de las “blackgirls”, el “brillante” empresario que realizaba préstamos camuflados de donativo, que utilizaba sistemáticamente para imponer la voluntad estética derivada de su especial sensibilidad, o el capataz que todo lo controlaba amparado en el poder que emanaba de los muchos votantes que, costal bajo el brazo, había puesto a disposición del testaferro que, como buena figura decorativa, dejaba hacer su antojo al dueño del martillo. Por no hablar del cura que elegía candidatos y desautorizaba rivales, en aras de que la cofradía fluyese “por donde debe” y que el dinero siga “brotando de los árboles”… Pónganles ustedes nombres y apellidos, que así es más divertido y les evitamos trabajo estéril a los abogados. La cuestión es que, con mayor frecuencia de la que sería deseable, muchas cofradías han sufrido y sufren episodios de estas características, que provocan entre el respetable preguntas, en multitud de ocasiones retóricas, como “¿pero quién manda en esta cofradía?”. Retóricas porque, en el fondo, todo el mundo sabe quién o quiénes mandan, y desde luego, nunca es el hermano mayor.

Lo más curioso de todo es que los pobres infelices que permiten que les conviertan es ridículas marionetas, o en su caso, los miserables que colaboran con su desidia a que estos hechos concurran, creen firmemente que salen de rositas con su actitud y su inacción; “a fin de cuentas son otros los que toman las decisiones, yo sólo salgo en la foto”, pregonan a lomos de su incompetencia o su poca vergüenza. Nada más lejos de la realidad, el tiempo, ese juez inmisericorde, termina poniendo a cada cual en su sitio y al final, aunque sea muy al final y la táctica del avestruz impida a más de uno ser consciente de ello, la historia termina haciendo justicia y concediendo el título que cada individuo merece. Unos pasarán al recuerdo por ser monigotes en manos de otros, incompetentes que hicieron el ridículo y mintieron a quienes en ellos depositaron su confianza y otros, en cobardes que jamás se atrevieron a dar la cara por miedo a que se la partan… y ambos serán recordados como personajillos que hicieron daño a sus corporaciones y vinieron para engañar a todo el mundo… y eso no lo tapa ni un paso, ni un manto, ni una corona, ni una extraordinaria de relumbrón… tiempo al tiempo.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: