Juan Martínez Cerrillo (Bujalance, 4 de abril de 1910 – Córdoba, 6 de octubre de 1989) fue un destacado escultor, imaginero, pintor y guadamecilero español cuya obra marcó profundamente la religiosidad popular andaluza del siglo XX, especialmente en Córdoba y su Semana Santa.
Biografía
Nacido en una familia humilde, su precoz talento fue advertido por sus maestros, lo que motivó el traslado de su familia a Córdoba para permitirle estudiar en la Escuela de Artes y Oficios “Mateo Inurria”. Allí se formó en dibujo, pintura, historia del arte, modelado y guadamecí. Su paso por el taller de Rafael Díaz Fernández fue clave en su desarrollo como imaginero y restaurador.
Durante la posguerra, su obra fue especialmente demandada debido a la necesidad de reponer las imágenes destruidas durante la Guerra Civil. En 1942 abrió su propio taller, que luego trasladó a la calle Enrique Redel de Córdoba. Falleció en 1989, dejando tras de sí un prolífico legado artístico.
Estilo artístico
Martínez Cerrillo se alejó del dramatismo expresionista del neobarroco contemporáneo, apostando por una imaginería de líneas serenas y melancólicas, de gran calado devocional. Su estilo se consolidó desde finales de los años 30, alcanzando su madurez artística entre las décadas de los 40 a los 60.
Su producción abarcó Andalucía, La Mancha, Bélgica y países de Hispanoamérica como Colombia, Guatemala o Venezuela. También se destacó como restaurador, una faceta que le permitió colaborar con artistas como Juan de Ávalos y Fernández-Andes.
Obra destacada
En 1937 realizó la imagen de María Santísima de los Dolores para la Hermandad de Jesús Nazareno de Villafranca, y al año siguiente talló la figura de Nuestra Señora de la Soledad para la Hermandad de El Carpio. En 1938, la Hermandad del Calvario de Córdoba le encargó la hechura de la talla de una Verónica, aunque su paradero actual es desconocido. En 1939, talló una de sus más representativas obras, María Santísima de la Paz y Esperanza, para la Hermandad del mismo nombre, que se convertiría en una de las imágenes más importantes de Córdoba, coronada canónicamente en 2022. . También en ese año talló una figura de San Juan Evangelista, que sería retirada por la corporación en la segunda mitad del siglo XX.
En 1940, realizó la imagen cristífera de la Hermandad del Nazareno de Montemayor, y al año siguiente, la talla de Nuestra Señora de los Afligidos para la Cofradía de la Vera Cruz de Montoro (Córdoba). En 1942 creó la imagen gloriosa de Nuestra Señora de la Estrella para la Hermandad homónima de Villa del Río, que fue coronada canónicamente en 1996, y la de Nuestro Padre Jesús de la Pasión para Tomelloso (Ciudad Real). También realizó la figura de El Señor de la Humildad para la Hermandad de Jesús Nazareno de Posadas, y entre 1942 y 1943 las imágenes para el paso de misterio de Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén para la Hermandad de la Pollinica de Málaga.
En 1944, talló la imagen cristífera de la Hermandad de la Sentencia de Córdoba, y en 1945, realizó la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia para la Hermandad de la Paz de Córdoba. Ese mismo año, también esculpió las figuras que acompañarían a la imagen en el misterio: un Cirineo, un romano y un sayón. Además, talló las figuras del misterio de la Hermandad de la Sentencia, entre ellas un romano, un sanedrita y Poncio Pilato, y la imagen gloriosa de Nuestra Señora de la Alegría de su natal Bujalance.
En 1947, realizó la imagen de María Santísima de la Esperanza para la Hermandad homónima de Córdoba, reemplazando la anterior de propiedad particular. En 1948, talló las imágenes de Nuestra Señora de los Dolores y Nuestro Señor del Huerto para la localidad de Fernán Núñez. En 1951, realizó la imagen de Nuestra Señora de la Alegría para la Hermandad del Resucitado de Córdoba, y en 1954, finalizó la talla de Nuestro Padre Jesús de las Penas para la Hermandad de la Esperanza, así como la imagen de Nuestro Padre Jesús Rescatado para su natal Bujalance.
A lo largo de los años, continuó produciendo una vasta cantidad de obras, como la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza para la Cofradía de la Vera Cruz de Bujalance en 1955, y la de Nuestra Señora de la Piedad para la Hermandad del Prendimiento en 1958. También, en 1963, talló la imagen de Nuestro Padre Jesús de los Reyes para la Hermandad de la Entrada Triunfal, y en 1966, realizó la imagen de Nuestra Señora de los Dolores para la Hermandad de Jesús Nazareno de Espejo.
En las décadas siguientes, sus últimos trabajos incluían la talla de Cristo del Amor de Cardeña en 1981, el Cristo de la Buena Muerte de Puente Genil, y la imagen de Nuestra Señora del Desconsuelo y Amparo para la Iglesia de San Andrés de Córdoba en 1981. En 1983, talló la imagen de María Santísima de la Paz «Campanitas» para la Hermandad de Amor y Paz de Lucena, y en 1984, realizó su última gran obra: Nuestra Señora Santísima Virgen de la Paz, para la Hermandad de la Sentencia de Cabra.
Guadamecí y artes decorativas
Su dominio del cuero repujado y el guadamecí fue otra de sus facetas destacadas. Aplicó estas técnicas en pasos procesionales, camarines y palios, como el antiguo paso de Jesús de las Penas de la Hermandad de la Esperanza, o en detalles del actual paso de María Santísima de la Amargura.
Reconocimiento en vida y legado eterno
En reconocimiento a su legado, Cerrillo fue nombrado Artesano Distinguido por el Ayuntamiento de Córdoba en 1972 y Académico Colaborador de la Real Academia de Córdoba en 1975. A título póstumo, recibió numerosos homenajes, entre ellos la rotulación de una calle con su nombre y exposiciones conmemorativas como la organizada por la Hermandad de la Sentencia en 2006.
Juan Martínez Cerrillo es uno de los nombres imprescindibles del arte sacro andaluz del siglo XX. Su obra sigue viva en los cortejos procesionales y en la devoción popular, testimonio de un artista que supo combinar tradición, técnica y espiritualidad en cada una de sus creaciones.
Hoy, más de tres décadas después de su muerte, la obra de Juan Martínez Cerrillo sigue siendo faro de devoción y ejemplo de cómo la fe y el arte pueden entrelazarse en perfecta armonía. Su legado camina cada primavera por las calles de Córdoba, convertido en rostro, en mirada, en emoción. En vida.





