Juegos de Poder

No concibo un día festivo, y que no sea a consecuencia de un misterio de la fe católica; aunque es verdad, que un día festivo, después del fin de semana, a pocos le puede sentar mal; en este caso, “festejamos” el día de un estatuto de uno de nuestros reinos de taifas, siendo posible que de aquí a unos años, sea cambiado cuando se pongan unos pocos de acuerdo, poniendo otra fecha; en Al-Ándalus no es la primera vez que hay reinos de taifas, todos somos conscientes de ello, por escasa cultura histórica que tengamos.

La actualidad está marcada por los juegos de poder. El católico no debe ser ajeno a lo que está sucediendo en su entorno, ambiente y esfera, debiendo responder, al igual que  Nuestro Señor Jesucristo que se encontraba en una época, sociedad, y momento concreto, actuando a las circunstancias de su tiempo. Nosotros disponemos de este referente, y sobre todo, el ejemplo del mismo Dios, todo ello, recogido en las Sagradas Escrituras, para guiarnos.

Los juegos de poder, nos han llevado a que en los noticiarios y en la prensa, se encuentren al orden del día, los juegos de poder de los sultanes de los reinos de taifa, y las guerrillas, que se están sucediendo entre ellos. Un sultán, saca la espada contra una sultana; otros sultanes, intentan invadir nuevos territorios; algunos, se afianza más en su pequeños reinos; hay sultanes que no están satisfechos con sus reinos que desean gobernar más, si cabe en ellos; por contra, en Al-Ándalus por la cuestión, de tantos reinos de taifas, nunca se han tomado medidas conjuntas y eficaces para combatir la peste negra que ha asolado y azota a Al-Ándalus.

Mientras, se suceden los juegos de poder, con la gran amenaza fuera de las fronteras de Al-Ándalus. Ha sobrevenido la colosal guerra y, los grandes reinos del mundo han emprendido la gran batalla, mientras tanto, Al-Ándalus, se dedica a enfrentarse a sí mismo, y parece que va camino de autodestruirse.

¿No os recuerda todo ello a una famosísima serie? Y luego nos preguntamos ¿Cómo se ha podido tener tanto éxito? Pues, la evidencia reluce.

La doctrina Católica nos enseña que existen tres grandes enemigos del alma: la carne, el mundo y el diablo. En este momento se trata del adversario del alma llamado mundo. ¿Qué puede hacer el católico para combatir el mundo?

Pues, emprender la reconquista de Al-Ándalus. Sí re-conquista que viene a decir, volver a conquistar lo que era territorio cristiano. Y en esta ocasión, no con la espada, como inició hace muchos siglos Don Pelayo, sino con lo que está denominando la Santa Iglesia Católica: la Nueva Evangelización.

De acuerdo, vale. Y esto, ¿En qué consiste?

El católico ante el mundo propone y presenta las bienaventuranzas; plantea la religión católica a todas las personas que le rodean, como esperanza y sentido de sus vidas; ser coherente con la fe que se procesa, aunque a veces, por la limitación y el pecado no se sea perfecto; el intento de ser ejemplo, en los lugares donde el católico pasa sus momentos (familia, trabajo, asociaciones de diversas índoles, organizaciones sociales…); la unión de todos los católicos hacía una misma dirección, aunque soy consciente que existen diferentes sensibilidades, pero todos debemos remar hacia una misma ruta.  ¡Una tarea ardua esto de la reconquista!

Por último, querido amigo o amiga, puedes encasillarme, porque eres libre de pensar de mi persona lo que te plazca. Si vas a encasillarme, por favor, hazlo bien, y te sugiero que me taches como un católico.

Personalmente yo no me siento identificado, con unos señores reunidos; con este o aquel gobierno; con esta u otra administración; con unas ideas u otras; con una bandera o un himno.

En cambio, me identifico con las grandes tradiciones, herencia de generación en generación, que existen en las localidades y ciudades vecinas y no tan vecinas, que su fuente y raíz son completamente católicas. De estas tradiciones, que no voy a pasar a enumerar porque el lector seguramente, sabe a la perfección a lo que me refiero, son mi identidad y a consecuencia de ellas si tengo mucho que celebrar, siendo motivo de días festivos.

Así pues, ¡Os deseo un feliz puente del estatuto!