La parroquia de Santa Marina permite vislumbrar, en estas semanas de Adviento, una imagen peculiar presidiendo el altar mayor de la imponente iglesia Fernandina. Se trata de una composición, conformada por la imagen de San José y la Virgen María. Además de la peculiaridad de que San José y la Virgen presidan el altar mayor de la iglesia cordobesa, se une la curiosa circunstancia de que la imagen de la Virgen María no es otra que la antigua Virgen de la Alegría de la hermandad del Resucitado, de la que, con anterioridad, nuestra compañera Esther Ojeda ha hablado con detalle en Gente de Paz.
Así, nuestra compañera explicaba que la hermosa Virgen Piconera – tal como la denomina el Hermano Mayor de la cofradía, Francisco Ruiz Abril, de acuerdo con el nombre con que se popularizó la corporación tiempo atrás, fue realizada en el siglo XVIII aunque no ha sido posible obtener dato alguno sobre su autoría. Llegó a la hermandad para satisfacer los deseos de esta de contar con una titular mariana que ocupase el segundo paso de la corporación durante su estación de penitencia, puesto que anteriormente había sido la Virgen de la Luz – de la que la hermandad del Resucitado convirtió recientemente en cotitular – la que acompañara al Resucitado en las salidas procesionales.
Presenta la Santísima Virgen una serie de rasgos que bien podrían considerarse comunes con otras Glorias de la ciudad califal realizadas aproximadamente en el mismo período como Nuestra Señora del Socorro o Nuestra Señora del Carmen de San Cayetano, apreciándose en Ella un canon que pasa por la característica mirada baja así como las cejas arqueadas, la nariz afilada y los labios finos que esbozan una serena sonrisa.
Resulta especialmente curiosa la antigua fotografía – posiblemente realizada en torno a la década de los 40 – que la hermandad del Resucitado conserva como recuerdo de los días en que era la Virgen Piconera la que recorría las calles junto al Señor Resucitado. En ella, la entonces titular aparecía en el interior de la Parroquia de Santa Marina, entronizada sobre un paso notablemente más humilde que los actuales, como es lógico teniendo en cuenta la época en la que fue tomada la imagen. Llaman la atención algunos detalles como la visible corona que por aquellos años lucía la Santísima Virgen así como el tocado de encaje que cubría su pelo y el vistoso e inusual ramo de flores que portaba en sus manos, de postura naturalmente orante. Se completaba así la estética con un profuso y alegre exorno floral además de jarras y candelabros de curiosísimas tulipas.

No fue hasta la llegada de la actual Virgen de la Alegría, realizada en 1951 por el siempre recordado imaginero cordobés, Juan Martínez Cerrillo, cuando su antecesora pasó a un segundo plano hasta ir cayendo progresivamente en un olvido que acabó por situarla en el campanario de la Iglesia de Santa Marina durante largos años. Finalmente, el destino quiso que la llegada de posteriores generaciones llamadas a perpetuar la historia de la célebre cofradía del Domingo de Resurrección se percatasen de la silenciosa presencia de la primitiva Virgen de la Alegría, que tan desapercibida había pasado a lo largo de décadas.

Para entonces, el paso del tiempo y las adversas condiciones a las que la talla estuvo expuesta habían causado unos evidentes daños tanto en las vestiduras como en la imagen propiamente dicha. A la vista de ello y tras comprobar que, en efecto, se trataba de la imagen piconera, la corporación no dudó un instante en rescatarla como parte importantísima de su historia, confiando su restauración a un solicitado Antonio Bernal, quien asimismo acometiese la restauración de la actual titular y la ejecución del Ángel en 1998 y 2001 respectivamente.
Así, el admirado imaginero concluyó el delicado proceso de rehabilitación de la Virgen de la Alegría con vistas a los Actos Conmemorativos del 75 Aniversario de la Refundación de la Hermandad del Resucitado, devolviendo la majestuosa imagen a la cofradía a la que pertenece y que desde entonces ha cuidado de ella con tanto celo.





