Imagínense una reunión. Se trata de un grupo de amigos. Algunos, ni eso siquiera. Compañeros en alguna labor dentro de este mundo. Conocidos de bullas o de reuniones de grupos comunes.
Se miran, pero nadie habla. No piensan en el Rocío. No miran al ferial. No recuerdan ya la ultima vez que pisaron una taberna cofrade en las noches calurosas del verano. No se acuerdan ni de piscina, ni de playas.
Uno, no se sabe si cansado del silencio, músico él, comienza a hablar: «Se nos ha ido esta Hermandad. Teníamos mucho cariño por ella, no era la nuestra, y te diría que le hemos dado mucho más que lo que hemos recibido. Pero, ¿quién busca que te den nada? Nosotros somos de ofrecer, de dar, trabajar y demostrar. ¿Eso es la música cofrade, no? Las bandas de Semana Santa, para bien o para mal» .
Otro sonríe. Le mantiene la mirada, le comenta que este año aún dolorido casi de las secuelas de una Semana Santa dura, se toca el cuello y le responde: «Pues yo, lo dejo. Lo siento. Han sido ya nueve años, nueve años con cambio de capataces. Cinco he tenido. No se puede construir, no se puede hacer grupo, piña. Lo dejo.
He llevado por bandera, la bandera del orgullo y la alegría de poder presentarme allí, en mi Hermandad, con mi Titular, la gente de tantos y tantos años, pero, así ya, no puedo seguir. Dolerá, pero más duele ver los cadáveres que vamos dejando de costaleros que ya se están marchando, pero para siempre. Los chavales que vienen por capataz o porque simplemente vienen amigos suyos, grandes peones, magníficas personas, pero son cambiantes, cada dos, tres años, van, vienen otros. No me hago a esta forma ahora de sacar pasos, me he tirado cerca de 45 años en esto, y no, esto así, no es para mí».
Otro, que ya no puede más, deja de morderse la lengua y espeta: «Reconozco que a mi equipo, lo llamaron también en tu Hermandad. No dimos respuesta porque ya habían llamado a otro y aceptado, sin que nosotros siquiera hubiésemos tenido tiempo de contestar nada. Tu hermandad, por muy grande que sea, lo mismo quiere al Capataz de las Tres Caídas que al del Gran Poder. No hay rumbo, no hay capacidad de entendimiento, si ellos se entienden, genial, pero al respetable, nos tienen muy confundidos» .
«Muy acertado». Comienza a hablar otro contertulio: «Despista más que nada tu Cofradía. Nadie entiende muchas cosas. Lo de tu banda, es una vergüenza, al menos, las formas. Lo del mundo del costal, amigo, así va. Yo ya hace años, por ese mismo motivo, que no es otro que algo funciona, va como nunca, pero llegan unas elecciones y pongo al que conmigo viene, que no ha sacado un carillo de helados, pero, total, los de abajo son como bueyes. Y hablando de bueyes, ¿Alguien va al Rocío?»
Todos sonrientes se levantan, salen de aquella habitación, y en breve respirarán las marismas, o se verán por la feria. En años venideros se contestan si siguen en su banda, si al final dejaron a su Hermandad, y dónde se encuentran ahora o han dejado el costal guardado para siempre.
Se verán en las tabernas en verano, y todos coincidirán en lo mismo. Con una sonrisa y un brindis. Sin estar en ninguna junta directiva, junta de gobierno, en ningún puesto, con más cargo que el ser cofrades, donde sus amigos los lleven para seguir disfrutando de este mundo, que no es otro que amigos a la lumbre de la Fe. A esos nunca se les falla, ni a los amigos, ni a los titulares.
Da igual donde te lleve, donde nos lleve la vida. Da igual donde nos vayamos. Donde hay lumbre, donde somos felices, ese es el lugar.





