Atrás quedaran los años en que fuimos felices, por tu existencia. Atrás, los años de Santa Marta y Sagrada Cena, aquella que ni algunos rompiéndola en dos, conseguirán borrar de nuestro recuerdo, aunque quede atrás, como aquellas noches de barrio húmedo, bruma en Catedral majestuosa leonesa. Atrás quedaran tus sueños, muchos cumplidos, al menos, los de aquel chaval que triunfó en la vida, la amistad, Semana Santa, su Oficio, también para los demás, un ángel de la guarda, custodio, como buen policía nacional.
Ni mucho menos. Me niego a creerlo desde que supe tu marcha, atrás, para nada, pero para nada.
Todo ha de ser futuro cuando se han de perpetuar a las buenas personas.
Lo que si quedará atrás, al menos en segunda, tristemente amigo mío, son nuestras charlar de Córdoba y Cultu, tu Cultural Leonesa.
También quedarán atrás los años en que fuimos felices bajo un tricornio, incordiando en los ensayos, riendo como nunca y disfrutando del orgullo, porque tú siempre así lo soñaste, el pertenecer a la banda de tus sueños, no sabemos si en la ciudad de tus sueños, pero que gracias a ti, se hizo más universal en la amistad y la calidad humana.
Aquellas charlas de «conducciones», donde eras hasta jefecillo, al ser Oficial. Tristemente también el cuerpo pierde a alguien que abrazaba a la palabra y protegía al prójimo con armas como el sustento de la pena, la ayuda al consuelo, y el esfuerzo físico contra el mal descabellado.
Tu banda, te dedicó una última marcha. Yo, el cuál te digo que atrás sí que quedarán los años en la banda juntos, pero porque yo no creo que vaya a volver, pero tú, sé que siempre andarás en cada recoveco de luz, en esa esquina en penumbra tú serás ese reflejo que brillará, sonriendo, a la melodía de la vida.
Cuidanos mucho amigo, el mundo seguramente no te cuidó como tú lo mereciste, pues si hubiera un veinte por ciento a los que se les pudiera medicar con el medicamento «Javi, el de León «, como cambio para conductas y saber vivir en la vida en contacto con nuestros iguales, la vida sería anécdota que acaba en risa, recuerdo que acaba en vivencia única, y cómo no, música, música que se va ahora contigo, pero que vuelve, pues tú estarás yendo y volviendo, como el eco de un tambor.
Y aquí, mi último redoble de hoy amigo, y con ese eco que se va, te abrazo, te oigo marchar, veo tú cara sonriente y te cuento que tendrás que cuidarme a mí Fernandito ya el mes que viene, este vendrá también igual de loco que nosotros.
No sé si será, seguro que sí, un «regalito», un traste, como tú, que tu nombre se anuncie con ese eco de tambor, que ha de volver, Javier Díez Calvo, un regalo para el cielo.





