La Chicotá de Nandel | La plaza de las cabezas cortadas

Algunos podrán llamarme sieso, antiguo, clasista. Están en todo su derecho, faltaba más.

Años atrás, los artistas con mayúsculas de toda Andalucía han enriquecido nuestra Semana Santa con sus pinceles, su imaginación, su arte, su consabida fe y devoción, en algunos casos, hacia una Imagen, el cariño a una Hermandad, pero creo que se ha secado ya el pincel, o si no, ya cansa tanto trazo.

En Córdoba, sin ir más lejos, se echa de menos, para muchos, entre ellos el que les habla, una buena fotografía que nos ilustre, nos anuncie la llegada de nuestra Semana Mayor. 

Al igual que en artistas de la pintura, en imagineros incluso, estamos en la cresta de la ola, también tenemos a unas personas que no eran fotógrafos profesionales, pero que ahora mismo, los profesionales no pueden medirse siquiera a estos fotógrafos. No voy a darles nombres, ni el de los dos o tres con los que tengo más amistad, y no por ello pierdo la noción de la realidad o su arte.

Creo que ya es hora de volver un poco, o intercalar la pintura con la fotografía. Lo bueno, gusta muchísimo, pero en su medida, sea foto o pintura.

Y hablando de gustar, vaya igualá en este sitio o aquel, ¡qué barbaridad!.

 Dicen algunos que Córdoba se está «asevillanando», que si no vas a un ensayo de los tres, es que te echan de los sitios porque hay siete u ocho chavales que vienen pidiendo sitio. Y los que no son tan chavales ya, también. 

Se viven momentos de plenitud en cuanto al número de personas que asisten a las igualás, pero claro, no es que se «asevillane» la cosa, es que se está poniendo en valor ya no incluso los años, la asistencia, también la valía, y ahí ya a alguno se le ven las costuras.

Como a mi amigo, que este año no podrá salir por motivos de trabajo, al cual dedico hoy mi artículo, porque no podré vivir a su lado tantos y tantos momentos que durante años hemos compartido bajo las trabajaderas.

Él, que lo ha dado todo por mi Hermandad, peleando en cada batalla, desde amenazar a un Hermano Mayor con el puño en alto después de terminar la salida procesional, a insultarlo casi costándole la expulsión como hermano. Ya estuvo a punto de no salir.

Que ha bregado en el mundo del traje negro, haciéndose querer incluso ofreciendo banda, mesa de salida… todo ello no por él sino, por estar preparado por si la Hermandad lo llamaba y lo necesitaba algún día. Y ahora no sale.

Mi amigo, que nunca ha faltado a un ensayo, que en los relevos era el primero en meterse, nada de escaquearse y faltar por motivos de ninguna índole, y menos, quitarse del medio y meterse menos debajo que el aguaó. Que tampoco sabemos si sale.

Que siempre ha hecho su trabajo callado, atendiendo al capataz que estuviera con sumisión, respeto, sin un insulto siquiera, sin hacerle un traje, y no negro, por la espalda. Y no va a salir.

Que aunque no haya puesto un pie en una cuadrilla en Sevilla, él lo iba diciendo, por engrandecerse él, pero sobre todo la cuadrilla, que se viera pedigrí. Y allí tampoco sale.

Que el otro día, cuando aún no sabía si saldría o no, paseaba como siempre, rodeado de tantos y tantos amigos, pues allí, en aquella plaza, ahora también llamada la isla de las cabezas cortadas, todo el mundo lo venera por su humildad, por su entrega y poco afán de protagonismo. Y este año no sale.

Yo creo que aunque ya ha intentado salir en otros sitios, habrá otros sitios más. No creo que acepte que todo lo que dio, quizá lo perdió por sus malas decisiones. Que gente que lo hemos intentado ayudar, fuera incluso de este mundo a veces tan podrido, hemos recibido luego la espalda, y malas formas, en vez de arreglar las cosas como amigos.

Cuando alguien ya está marcado, ya la ropa está manchada de odio, de cuentas pendientes, es mejor hacerse a un lado y salvar los restos del naufragio, o sea, los pocos amigos que nos queden y lo más difícil, que no se la hayamos jugado.

Para algunos ya han empezado los ensayos, pero tengan mucho cuidado, Córdoba se está poniendo en valor, no sólo en el costal, y tampoco se está «asevillanando», pero en pequeñeces, como es para algunos el mundo de las trabajaderas, se empiezan a hacer las cosas ya como muy pocos capataces las hacían. 

Las risas, para antes y después, el currelo, de la forma correcta. 

Y mi amigo en su casa, que este año, no sale.