¿De cuál sos, de Messi o de Maradona? Esta frase, aunque a alguno le pueda sonar poco conocida o incluso despegada del mundo de las Cofradías, no es más que una frase que se ha estado haciendo y, en multitud de ocasiones, sobre todo en el país natal de los dos protagonistas de la misma. Los más viejos, le dirán que el segundo, los jóvenes, no podrán imaginar al segundo, ni por vídeos, por lo tanto, se quedarán con el primero.
Recuerdo que era verano, mediados de junio, o quizá, me decantaría más por que era el mes de julio, hacía muchísimo calor, muchísima humedad. La tarde había empezado con mi vecino, costalero por aquel entonces de su Reina del Campo de la Verdad, «Reina del Buen Fin», que venía a recogerme para llevarme con sus compañeros, los más ilustres, variopintos, pero amigos todos desde casi la niñez, que habían quedado, «donde siempre», y como si de una salida de Viernes Santo fuera, para sacar a la Pastora de Capuchinos.
Era mi debut. Aquel debut que uno sueña en un paso «grande», podemos llamar, después claro de haber salido en el «pasito chico» de Santiago, entre otros. La preparación era Maradoniana, algún que otro exceso líquido, nada de «Monsters», «Red Bulls», etc, que los Messi de ahora toman, o tomamos. En la salida, con gente alrededor arrimando agua como se podía, Juan Berrocal le dijo a mi madre que si yo con quince años entraba en ese paso, que no me dijera que no el año siguiente con dieciséis, cuando le pidiera salir en Humildad y Paciencia.
El año siguiente, con dieciséis años, pude comprobar lo que era salir en Semana Santa en un paso, en el de mi Hermandad, en el de mi Cristo, con más Maradonianos que allí se daban cita. Yo, iluso de mí, creí que conocía a todos y cada uno de los costaleros, pero ni mucho menos. Todos llegaban, me miraban de arriba a abajo, en plan, ¿y esta criatura quién es?
Todos se saludaban, se preguntaban por la señora, por su nombre, por sus hijos, por su nombre, por el trabajo, por el día a día tras meses y meses sin contacto. Ni había móviles, ni grupos de watshapp, ni la madre que los parió.
Camisetas de algodón de propaganda, olores varios, algunos, incluso con ropa de camarero, zapatos incluidos, pues acababan de salir del bar, y había que ensayar.
Era otro mundo, como se decía de Maradona cuando entre el fango sorteaba al fango, los tacos que se dirigían a sus rodillas o tobillos y avanzaba a duras penas hasta que era frenado por ya, seis u ocho piernas que al unísono lo dejaban caer. A levantarse, y a seguir.
Uno se acuerda de estos años cuando hoy, casi que todos somos un número. Un nombre más en una lista que puede que se apunte en una Tablet, o directamente se escriba en el portátil el día de la igualá. Foto de frente o perfil, dirección, teléfono, los años que llevas en la cuadrilla, curriculum cofrade, etc.
Los tiempos de los Messi de ahora, no son los pasados, eso es que es impensable. Hoy en el fútbol, lo económico, prima, el número, prima, los materiales, priman, el tener un buen o mal representante, prima, el destacar por calidad sobre fuerza, prima, la cantidad de partidos que se pueden jugar, viajes, y más partidos, priman, y se pone uno a pensar, y todo esto que prima, es lo que prima también en las cuadrillas de la Semana Santa, pero en Córdoba, en Sevilla, y en Pekín.
Se pueden echar muchas cosas de menos, quizá lo que más, la pureza de aquellos tiempos, aunque claro, a Messi no lo podemos ver en blanco y negro, y a Maradona ahora mismo tampoco lo imaginaríamos en color, en sus mejores tiempos el revolcón que daría futbolístico, sería de total. A los chicos de ahora, no me los imagino en aquellos ensayos, lo mismo, que he visto marchar por aburrimiento, o verse ya fuera de sitio, a muchos que compartieron tiempos pasados, y el choque con los tiempos modernos ha ido retirando.
No hablaré de los entrenadores del pasado, pues Maradona le lanzó un balón medicinal de tropecientos kilos a un entrenador, y le dijo que eso era inhumano, que lo cogiera él. Si eso se lo dices hoy a un entrenador, acabas apartado del equipo, con la prensa encima, o si eres de la Junta de Gobierno de tal Hermandad, ese entrenador queda ya defenestrado de por vida. Ya saben, la fuerza de cada uno en el vestuario.
Messi y Maradona, nombres para escribir la historia del fútbol, a su forma, a su modo, en los tiempos en los que a cada cual le tocó vivir. Lástima que no sean eternos. Lo mismo pasa con los costaleros, o aquellas cuadrillas de antaño, pues recuerdo hasta al «viejo costal» que por aquí al igual que yo se asoma, ir detrás mía bajo el Señor de Capuchinos. Y pensándolo, me doy cuenta que siempre lo he visto ya muy viejo, ya incluso en aquellos años, que mira que han pasado.
Antonio, Maradona pudo ser por su anchura pero, la verdad es que era demasiado alto, era más un alemán de aquella selección tan famosa de germanos que maravillaba al mundo. Ha dado comienzo la liga, y siempre es bonito recordar el pasado, y a mí los recuerdos me han llevado hoy a esta comparativa que quizá, pues no tenga nada que ver, pero por otro lado la miras, y es estupenda para explicar lo que unos fueron, otros hoy son.
Quizá, cuando las plantillas cortas y sin tantos cuidados, enfocaban el momento de meterse debajo de un paso como ritual de fuerza y simplemente fuerza, en el traslado de un lugar a otro y vuelta a casa de un paso. Quizá, comparado con las de hoy en día, en las que se busca más el número y la técnica, pues de 50, 20 pueden hacer bulto, pero si van todos uniformados igual, todos irán haciendo lo mismo, cuando simplemente sean siete y ocho los que comanden y consigan que aquello vaya a la par.
Yo, soy más maradoniano, porque encima, soy blanco, ese blanco que se ensuciaban algunos sin darse cuenta, y lo que es más, sin importarles, arrastrados por el fango a veces, en días que sabías que había que volver, sin ver la luz ni la forma, y se volvía. Es más romántico, dentro de las locuras que se hacían con el peligro para la salud.
Elijan y recuerden, ya está aquí la liga, aunque nos pudiésemos quedar con algo de los dos estilos, las dos épocas, siempre es bonito el debate de decantarse.
Cuando se sienten en la próxima parada que les de la noche veraniega, háganme caso, espeten sin pudor la frase, y a ver qué pasa, qué les trae el debate cuando alguno empiece a describir lo que vivió antes, y por qué lo ha dejado ahora, o por qué no se vería ahora debajo de un paso, díganlo sin miedo, ¿Messi, o de Maradona?





