La Chicotá de Nandel | ¡¿Qué le han hecho a la Paz?!

¡Qué arte tiene el cerero cuando te riza las flores, o el florista cuando pone claveles en tus jarrones!

¡Qué arte tiene el orfebre que te hizo la corona, tus varales, tu peana, tus candelabros de cola!.

¡Qué arte quien dibujara ese pañuelo que bordaron, y ese pañuelo, ¡Que arte quien esculpiera tus manos, y tu cara, y tu sonrisa!

¡Qué arte quien te vistiera y te pusiera en el paso!

¡Qué arte quien te subiera, y el que te pone las velas sobre tu candelería!

¡Qué arte quien las enciende!

¡Qué arte tiene el que teje esparto de cofradía! y, ¡Que arte hacer la ropa…

y llevar una escalera para subirse a tus plantas y estar contigo más cerca!

O llevar un cantarito con agua ‘pal costalero…

¡Qué arte tiene la mano del capataz de Tu reino!

¡Qué arte tiene el que canta desde un balcón la saeta!

¡Qué arte ser contraguía que sigue tu manigueta!

¡Qué arte tiene la banda que toca pa’ que Tú bailes!

(Pascual González, juglar de Andalucía, poeta sevillano, fragmento de su obra para Cantores de Hispalis, «Sevilla Reza Cantando»)


Día de San Rafael Custodio y en la ciudad, aún, retumban tambores y se escuchan cornetas en un eco, el de una Magna que no a todos ha dejado contentos, como siempre, pero que ha dejado un regusto amargo, para los de siempre, o por los de siempre, pero a la par, un sabor dulce y exquisito de bellas estampas, como la Paz y Esperanza, como también dijo el gran Pascual en alguna disertación, «por cualquier calleja o esquina».

Se presentó la Paz a Córdoba con un aire de cielo y pureza pocas veces antes visto. Podríamos hablar de su vestidor, si, ese que decían, no valía ni para vestir en los pueblos. Ese.

El exorno floral, era un jardín de un cuidado, un esplendor en cada detalle, que harían falta fotos de cada rincón de su palio para saborearlo todo con esmero, con gusto, con dos lagrimones de satisfacción para el que tanto la ha visto, el que tanto la conoce, el que sabe que iba su Madre más acorde con algo que no concuerda mucho con lo terrenal.

¿Ambiente? Nerviosismo, como siempre. He vivido desde el Señor en mis primeros años en la Hermandad como se cortaba la tensión. La que se rompe con un abrazo, bromas y risas de la previa, pero son de nervios, puros nervios. También antes, como ahora que soy sus pies, he sentido responsabilidad y hasta miedo. Palios, hay muchos, pero el que va a ser los pies de la Paz y Esperanza, debe saber a lo que va. Y el que no lo sabe, que algunos pagan la novatada, lo aprende ya en el primer giro al salir de su Plaza. El pensamiento siempre es el mismo. Luego hay que volver con Ella.

Pero como una Magna, como algo fuera de calendario, un regalo para estar con Ella, con nuestra Madre, con su cuadrilla, su equipo de capataces, con cada uno de los fieles, hermanos, amigos de Ella y por Ella, la tarde se masticaba única, se presentaba, se vivía, se notaba especial.

El olor no era de primavera, pero Ella es la primavera.

Las calles no variaban mucho de las de siempre, y Ella, hace que las calles sean sus calles.

La Junta de Gobierno a la altura, los contrarios en su medida, los que dicen llamarse proscritos, en esquinas escondidas, y seguramente, móvil en mano por si sonaba la flauta y algo se torcía. Pero no, podría cambiarse el nombre de nuestra Titular, por Paz y Felicidad, o Paz y Esplendor, o Reina, Reina de todo y también de todos, hasta de los imbéciles que quieren que Ella, se venga a menos para proclamar que ellos pueden llevarla a más.

Señores míos, quien estuvo este 11 de octubre en Córdoba, quién la vió venir, dulce, acompasada, anegando todo de Ella, o la miró a la cara, ya sabe que a más, imposible, ¿igual? Si nos ceñimos a su cintura, siempre es Ella, igual, la misma, pero en su conjunto, si a más es imposible, igualarla es extremadamente difícil.

En tantos años y años en las Hermandades uno aprende que lo fácil es el catavino del día después, el análisis con hacha en mano, la lija mágica que algunos dicen tener para limar todo hasta encontrar la perfección.

Hay algo más difícil, y así lo cantaba Pascual González, y me vino a la mente muchísimo ese sábado, al igual que mucha gente, como Diego Luque, que yo sé que también iba con Ella el día Magno. El día mágico. El día en que hay que poner, al menos algunos nombres sobre la mesa.

«Quino», tan conocedor de la casa, como conocedor de lo quizá, necesario que otros no supieron, o no quisieron ver. No verán el nombre de Quino en portadas, ni fotos suyas en su Facebook alardeando de cómo hacer bien un trabajo. Porque esto tiene que caer de esta manera, lo otro apretarse de esa otra… Quino, no es señor de alardear, es de callar, ayudar, trabajar. Un señor.

Quizá sea ese el secreto. Porque así luego también viene la sorpresa del cambio, ¡Qué cambio! Ese que agradece el espectador visual, el que solo va a ver una Imagen, y seguramente, luego la sueñe. O el que la ve de nuevo en la calle, la reconoce como Madre, pero al verla andar siente unas ganas nuevas o no reconocidas de abrazarla, de llenarse de Ella. ¿Han visto? ¿La vieron? Quítense las gafas, dejen el catavino y si quieren, sufran en silencio, pero admitan el cambio aunque sea en su silencio, a veces ruidoso, y siempre un silencio muy necesario.

Ya hemos hablado de Juan, un vestidor que no ha quitado un ápice de resplandor, que ha sabido acariciar lo sagrado, lo bello, y nos la presenta así, con una caricia, y se nota el gusto, el cariño, el saber. Es un dulce paladeo mirarla Juan, muchísimas gracias, aunque sigan en que tú, no sirvas para vestirla. Gracias, porque tú has demostrado saber hacerlo. Dar la razón a los que pusieron tus manos sobre Ella, y no vestirla, acariciarla.

Amigos como Rafa Rizos, gente que seguro me dejaré en el tintero, y les pido perdón, como Cristóbal, un custodio que la quiere y siempre ha buscado su excelencia, aunque yo alguna vez, tampoco lo haya entendido, o la forma, o el modo, pero cuando quizá ha conectado, encontrado un equipo para Ella, Ella ha vuelto a ser Ella, y Ella, también se llama Charo, cada alfiler lleva unos ojos humildes y una sonrisa que no quiere destacar, elegancia, y Charo, es el nombre que tiene el amor que una hija ofrece a su Madre.

Para terminar, el director de esta empresa, lo llamaré empresa, pues esta empresa no es ni fácil, ni lo han puesto fácil, ni lo querían poner fácil, ni nadie ha sabido hacerlo tan fácil. Don Manuel de Julián, o así lo llamaron sus padres.

Lo que estuvo apunto de explotar en laagna, era la sonrisa en su cara, salir su corazón del pecho y encaramarse a un varal, como decía auqella canción, y recrearse en algo, que estoy seguro sabe que él no ha creado, pero quizá, y lo digo con todas las letras, ha hecho posible. Algo que, viendo años y años atrás a mí Madre, ya parecía hasta imposible.

Lo que hace grande a una Hermandad, es sentirse parte de ella. Y, ¿qué mejor que portar con fe a sus titulares? Pero no bajo las trabajaderas, en algún ensayo, en algún Culto. No. La Humildad, el trabajo con Paciencia de Don Manuel de Julián, nos ha devuelto la Esperanza, lo admito, por algunos ya perdida, de volver a tener a nuestra Madre, Reina de la Paz, Reina, que una vez más ha sabido elegir a quién quiere a su lado.

Los que deben estar escondidos, salen a las luz, aunque se mueven mejor en la oscuridad. Y no. Quiero hoy dar luz al equipo de personas que nos ha devuelto a todos la luz, agradecer un trabajo impecable y sobre todo, un trato con la cuadrilla, que desde el primer día no fue de látigo y mando, sino de pregunta y escucha, siempre es mejor un ¿Vais bien, necesitáis algo, cómo veis esto? Que un… Esto es lo que hay.

Siento que alguien se sienta ofendido por poner luz a los que la deben tener, siempre detrás de Ella, la verdadera luz, pero, como ellos decían, ahora, ¡Esto es lo que hay!

Un amigo, delicado y entendido, conocedor de lo que había, al ver lo que hay, me dijo en pleno centro de la ciudad, «Fernando, es todo en conjunto, el andar, el movimiento, el verla, ¡¿Qué le han hecho a la Paz?!