«Las polémicas han surgido por la poca claridad en la regulación del culto en el estado de alarma, al mismo tiempo permitido y restringido»
El portavoz de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, ha hecho balance en la web especializada Religión Digital, de estos meses de Estado de alarma, en el que se han dado «aislados malentendidos» respecto a la regulación del culto. Al respecto, el sacerdote ha afirmado que «la colaboración ha sido buena, hemos querido situarnos como ciudadanos responsables siguiendo las pautas sanitarias y organizativas emanadas de la autoridad competente y ofrecer nuestra colaboración específica de consuelo, esperanza y comunión de bienes», tras adelantar que la Iglesia española participará en el homenaje de Estado a las víctimas, presidido por Felipe VI, que tendrá lugar el 16 de julio, «si es invitada». Sea como fuere, los obispos celebrarán un funeral en La Almudena el próximo 6 de julio.
Respecto a los meses de confinamiento, Argüello afirma que «Ha sido una experiencia dolorosa por la muerte y sufrimiento de tantas personas; la muerte en soledad y la ausencia de celebraciones ha añadido, si cabe, más dolor. También ha puesto de manifiesto una gran capacidad de creatividad pastoral y nuevas formas de comunicación para que la distancia física no se transformara en distancia comunitaria. Nos ha ayudado a subrayar lo esencial: la confianza en la presencia misteriosa de Dios en cada acontecimiento, la esperanza más allá de la muerte y la caridad en múltiples gestos de acogida y cercanía a los más afectados por la pandemia«.
Destaca el portavoz de la Conferencia Episcopal que «las polémicas han surgido por la poca claridad en la regulación del culto en el estado de alarma, al mismo tiempo permitido y restringido. La Iglesia, por su parte, ha dispensado de la obligación de acudir el domingo al templo, ha dicho “quédate en casa”, ha celebrado la Eucaristía sin pueblo, a veces, con algunos fieles, y ha mantenido abiertas las puertas, como signo de apertura a la esperanza y la caridad. Esto ha dado pie a algunos y aislados malentendidos».
Cuestionado acerca de Cuándo prevén que puedan volver las procesiones, romerías o actos públicos, Argüello afirma que «la regulación de los actos en la calle la realizan ahora las Comunidades autónomas en relación con los Ayuntamientos. En la mayoría de España se ha suprimido la dimensión lúdico-festiva de las fiestas patronales. La Iglesia quiere celebrar la dimensión religiosa de esas fiestas. Los actos públicos, procesiones y romerías, según la regulación de cada Comunidad, son posibles guardando los protocolos de seguridad y de acuerdo con los Ayuntamientos. Vemos que, incluso en el estado de alarma, se han autorizado manifestaciones. No sería comprensible que la manifestación pública de la fe en la calle no pudiera realizarse ahora, fuera de la excepcionalidad del estado de alarma».
Finalmente, el portavoz subraya que «quizá hayamos recordado en el confinamiento la importancia del retiro al silencio, de la Iglesia doméstica, de la Palabra, de las nuevas formas de comunicarnos y compartir. Se ha acrecentado el deseo de la Eucaristía y de ser “pueblo en salida”. Hemos tomado conciencia viva, desde la fragilidad humana y la misma muerte, de la importancia nuclear del anuncio de la Misericordia. En este nuevo tiempo hemos de resaltar la unidad entre contemplación y acción, el sentido eclesial y social del Domingo, dar testimonio de vida fraterna y del valor de la familia en la emergente “sociedad de los cuidados”. Así, la Iglesia puede ofrecer una nueva perspectiva del sentido del progreso siguiendo las pautas del desarrollo humano integral de Laudato si´».





