La decadencia

Las cifras hablan por sí solas. Si el año pasado había dos altares para el día del Corpus, cinco en 2015 y seis el año anterior a este último, todo parece indicar que en esta ocasión los altares que levantarán algunas de las hermandades de Sevilla serán también escasos. El ayuntamiento, consciente de que se trata de la gran última fiesta de la ciudad antes de la llegada del verano, ha incrementado la cuantía a repartir entre los premiados. Fiestas Mayores apuesta por incluir un premio a los segundos clasificados y hasta cuatro accésit de 300 euros, 200 menos que el que quede en segunda posición, mientras que el primero pasará de los 1300 que recibía el año pasado a 1000. De este modo no solamente se pretende que más cofradías levanten efímeras obras de arte sino que el público sea mayor, pues así el centro recibiría una importante inyección económica antes del desierto en el que se convierte la capital durante los meses venideros.

Pero, ¿es esta la solución idónea para que no se pierda una tradición tan arraigada en Sevilla? De nada sirve que los premios se hayan visto aumentados económicamente si una furgoneta es multada por estar solo unos minutos en el centro descargando diversos enseres o se les exige a quienes se encargan de levantar estos monumentos un análisis pormenorizado de las fases por las que atravesará la propuesta. Resuenan también de lejos los ecos de aquellas hermandades disconformes con los últimos fallos del jurado, el escaso público que a primeras horas de la mañana contempla la procesión del Corpus, algunas críticas más que injustificadas repetidas hasta la saciedad, etc.

Esta serie de amenazas también preocupan a los comerciantes del centro, ya que una jornada de vísperas tan boyante como otros años comienza a echarse en falta en unos días donde también los escaparates y balcones sufren un importante declive. Nuevamente, el ayuntamiento apuesta por reducir la cuantía del ganador, de 1 000 a 700 euros, dotando al segundo con 300. Por otra parte, el ganador de los balcones mantiene la cuantía del año anterior, de 400 aunque se habilita para el segundo la cifra de 200 euros. ¿Pretende el consistorio apuntalar una tradición a base de incrementar los premios? Más que una pregunta tendría que ser una afirmación. Si no hay dinero de por medio (más que el de otros años) parece ser que esta costumbre estará presa del olvido antes de lo que se cree. Y es que, no nos extrañemos, en la era del capitalismo el rey es don dinero.

En lo que respecta a los comerciantes del centro, la asociación que engloba a estos ha decidido poner en marcha un programa con la finalidad de que los escaparates puedan ser exornados con la ayuda de todos aquellos voluntarios que deseen colaborar. Aquí el problema es todavía mayor, pues está por ver si la calidad artística está a la altura de lo que la citada celebración requiere. Si entre los que pretenden mostrar sus inclinaciones artísticas se encuentran aquellos que, en diversas redes sociales, muestran capillas en sus casas que parecen tómbolas de feria (solo falta la música de Los Chunguitos o el “Despacito”) o los que se creen escultores y orgullosamente te muestran la cara de su última obra religiosa, aunque se parezca a Gazpacho, el de Los Fruitis, me parece que mal vamos. A la vista está. Iniciativas y esfuerzos con tal de volver a los años pretéritos. Dentro de unas semanas sabremos si han acertado…