A las puertas de una nueva celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, a los cofrades se nos afilan los rostros, el vello de nuestro cuerpo se eriza con mayor asiduidad, el olor de incienso y azahar nos transportan a momentos cofrades anteriores, desembocando en cierta sensación de ansiedad porque todo comience… la emoción de las vivencias previas al Domingo de Ramos ayudan a asomar sobre nuestra pupila alguna lágrima… es sencillamente, la eclosión de nuestros sentimientos.
La gente de abajo estamos terminando la preparación física de las Estaciones de Penitencia que asoman por el horizonte. Las miradas fijas, el cuidado de los últimos ensayos y el ajuste de las trabajaderas, marcan el devenir previo a los primeros sones de cornetas y tambores.
Pero nada de esto tiene sentido si tomamos la Semana Mayor como un fin, y no como un impulso para seguir caminando el resto del año, Siempre de Frente. He de reconocer que durante muchos años, para mí el Domingo de Resurrección se convertía en un día triste y en cierta medida desolador, y estoy convencido de que para muchos cofrades así sigue siéndolo… Qué barbaridad!!! ¿no?
La vida, las circunstancias que me han rodeado durante mucho tiempo, junto con la madurez conseguida a través de muchas reflexiones personales, han hecho mella en mi condición cristiana y cofrade, dirigiéndome hacia una forma correcta de entender esta gran Semana y por ende, la vida. Actualmente lo hago con la misma pasión o más si cabe que antes, pero he encontrado la forma de vivir todo el año igual que si fuese Semana Santa, con fe, con pasión, con entusiasmo, y por encima de todo, con la necesidad de tender la mano al prójimo.
Por eso costalero, descansa, prepárate tu ropa, ajústate la faja, colócate el costal, que las chicotás no duran una semana costalero… cada día de tu vida haces una, porque la Estación de Penitencia es tu propia vida, por eso costalero, te pido que te fijes bien en lo que te voy a mandar… y no en lo demás.
Vamos costalero que te voy a “llamá”, no te tapes los ojos innecesariamente que quiero vértelos brillar, porque si no te los puedo ver, no podrás encontrar la luz que ahí abajo existe, que te hace seguir los pasos correctos; vamos costalero, déjame verte los ojos, que si al caminar por los cruces de caminos que nos ofrece la vida te desvías, podré mandarte, y tú, mirarme para rectificar.
Vamos costalero que te voy a “llamá”, colócate en la trabajadera, pégate a tu costero, que es tu hermano el que te necesita como tú a él, cógele la cintura, mira al frente y cuando rectifique, aguanta parte de su peso, como en la vida, que algún día, en alguna chicotá, él será quien lo hará por ti.
Vamos costalero, hay que apretarse, la calle está mala hijo, ten cuidaíto, no te fijes en los calcetines que llevas, fíjate sólo en la calle, fíjate en cada paso que das…en la vida, en la chicotá, no te fijes en lo que llevas puesto, sé que no te queda mucho dentro, pero yo, tu capataz, estoy aquí y sólo te puedo decir a ti y no a los que nos miran y escuchan, que Él o Ella los llevas arriba y Ellos son los que te van a dar toda la fuerza del mundo para seguir con tu paso racheao, hasta que yo te lo mande costalero… vámonos hermano, que rezando con los pies, todo se puede, te lo digo yo, que ya pasé por esa calle alguna vez.
Vamos costalero, ahí queó la chicotá, saca la mano y pide agua, que sin mirarte quién eres, tu aguador te dará un sorbo fresco que te ayudará a continuar, a seguir caminando una vez más por esa angosta calle de la vida. Vamos costalero y cuando termines la chicotá, acuérdate de lo importante que fue ese aguador, que cuando menos te lo esperas, y sin nada a cambio, te dio en ese momento lo que más te ayudó.
Vamos costalero, tienes relevo, sal de tu palo y vete a descansar que luego viene más, pero vete humildemente por algún discreto lugar. Tú has rezado con los pies, por los tuyos y por los demás, y nadie que sale de un altar va pregonando por la calle lo que a Dios le dijo y le pidió al andar…que nadie sepa lo que hablaste, lo que dijiste y de dónde saliste…Vamos costalero, se discreto, busca refugio y que nadie se fije en ti, porque de lo contrario dejarán de mirar a tu Dios y a su Santa Madre costalero, y para eso es para lo que yo, te hice venir.
Vámonos de frente costalero, una vez más, hay que seguir por ti, hay que seguir por mí y por todos los que hay a tu alrededor, y por todos los que quieras que haya… y también costalero hay que seguir por esos ángeles, no los que llevas en el precioso canasto de tu Cofradía, sino por los que tienes en el cielo, esos que cuidan de ti, cada paso que das, cada chicotá, cada dura levantá de la vida…!!Vamos costalero!! que ellos desde el cielo estarán orgullosos de ti, si al terminar la Semana Santa, la Semana de Pasión, seguimos racheando el paso, seguimos dando chicotás, seguimos… caminando por la vida. ¡!Siempre de Frente Costalero!!





