Yo no he sido costalero, contraguía, fiscal de paso ni maniguetero. Tampoco una persona de su círculo más cercano para hablar de infinitas vivencias como sí pueden hacerlo otros hermanos.
Pero sí tuve la suerte de conocer a quien marcó una época en la Vera Cruz, y enseñó en silencio y discretamente todo lo que conlleva y significa una hermandad.
Ayer tocó el martillo por última vez Luis León Pérez porque ya no podía esperar más para ir «al cielo con ella», para hablar de tú a tú con su Virgen de las Tristezas.
Mencionar a Luis es evocar dos de las señas de identidad de la cofradía del Lunes Santo: La humildad y la sencillez. Y eso sí que no me lo ha contado nadie, lo he visto y comprobado por mí mismo.
El maestro de las trabajaderas, que llevaba 17 años al frente de una cuadrilla compacta y muy feliz, siempre supo dar a todo el mundo, y lo digo dos veces, a todo el mundo su lugar.
Y esa labor meritoria y admirable la realizaba con mucho trabajo por y para su hermandad, siendo desde hace muchos años un auténtico ejemplo no exclusivamente en su forma de llevar el palio de la Dolorosa, que también, por supuesto; sino también por el resto de funciones que llevaba a cabo en la corporación a lo largo del año.
A este veterano capataz de capataces se le recuerda por el estilo inconfundible del palio de Vera Cruz, pero su versatilidad y creatividad eran asombrosas.
Luis León preparaba habitualmente la operación carretilla de la hermandad en los días de Navidad, un acto benéfico más que consagrado en el que se recauda alimentos, elementos de higiene personal o juguetes para los más necesitados.
También hay que recordar su excelente labor en el montaje del belén que se instala cada año en los Baños árabes de la Reina Mora, trabajo en el que Luis se dejaba la piel para que no faltara ni un detalle, demostrando su gusto y detallismo en el desarrollo de estas labores.
Por todo esto y mucho más, el nombre de Luis León siempre quedará grabado en los corazones de sus costaleros, auxiliares y cofrades de la Vera Cruz, la que fue, es y será se hermandad; y el lugar donde su larga estela ha creado escuela. Descansa en Paz, querido Luis.





