Como ocurre cada año con la llegada del mes de difuntos, las dolorosas de toda la geografía cofrade son ataviadas de manera singular haciendo gala de un luto sobrevenido que desarrolla y propicia imágenes inéditas o recuperadas del baúl de los recuerdos.
Eso es exactamente lo que ocurre estos días en la calle Pureza, donde la Esperanza de Triana recupera, en este mes de noviembre, una imagen que no se reproducía desde el año 1937.
Nuestra Señora de la Esperanza estrena, gracias a la donación de un hermano, una corona en plata, siguiendo el estilo de la que luciera la Santísima Virgen, obra de Justino de Guzmán. La nueva corona, anónima, es fechable en el primer tercio del siglo XIX.





