El Cirineo, 💙 Opinión

La extrema izquierda lo vuelve a hacer: aprovecha la pandemia para atacar a la iglesia y a quienes piensan en libertad

Para quienes no tengan la «fortuna» de conocerlos, la inmensa mayoría de los ciudadanos, el «Colectivo Prometeo de Córdoba», es uno de los grupúsculos que conforman la extrema izquierda más radical y rancia de la ciudad, construida contra la mayor parte de la sociedad, la que quiere vivir en paz, sin mirar permanentemente atrás removiendo guerras fratricidas. Una extrema izquierda trasnochada, totalitaria y caduca que pretende imponer sus dictados y promueve la división y el enfrentamiento entre los ciudadanos, repartiéndolos, de manera absurdamente maniquea, en malos (quienes votan a partidos de derecha, los que denominan ricos, los empresarios, los liberales o los católicos, entre otros) y buenos (los votantes de izquierda) arrogándose una representatividad que no les corresponde, ya que sólo representan a los votantes de extrema izquierda, es decir a una parte muy reducida de la sociedad, y realizando identificaciones ridículas y patéticas, como presuponer que el trabajador es por definición de izquierdas y no cabe otra posibilidad.

Este «colectivo» acaba de «regalarnos» -es un decir-, por obra y gracia de sus firmantes, algunos de ellos más próximos a la obsolescencia mental que a la categoría de pensadores que ciertos hooligans pretenden concederles -sólo hay que repasar a los «abajo firmantes» para constatarlo-, una nueva bazofia en forma de documento. Un documento que parte de premisas patéticas, como afirmar que «padecemos una pandemia enraizada en última instancia en el cambio climático que la civilización del crecimiento sostenido y depredador de la naturaleza ha originado» y defiende, sin que se le caiga la cara de vergüenza a nadie barbaridades como «potenciar mecanismos e instrumentos de intervención en la realidad y sustentar todo el proceso en parámetros éticos y de conductas de moral pública consecuentes con ellos». Lo que viene siendo que el Gran Hermano comunista controle la sociedad y la gobierne con férrea mano de hierro, destruyendo la libertad del individuo para elegir. Lo de siempre desde el siglo XIX y que ha fracasado por doquier a lo largo de las décadas, aunque estos genios sigan sin enterarse.

Como no tengo la menor intención de aburrirles con un panfleto patético que no tiene mayor recorrido que el aplauso de perroflautas y subvencionados crónicos que viven y pretenden seguir viviendo del trabajo y los impuestos de los españoles normales, aquí les dejo este enlace para que lo «disfruten», si son capaces, y lo firmen si lo estiman oportuno -apréciese la ironía-, no sin antes ponerles sobre aviso con ciertas expresiones que esta patulea utiliza como mantra para engañar al personal desde que esta ideología, que ha causado millones de muertos desde su creación, existe. Cuando estos individuos hablan de «mayoría social», se refieren a ellos y solamente ellos, votantes «de fuerzas como Unidas Podemos, Mareas, Comunes, Confluencias, sindicatos, colectivos de defensa de los derechos sociales, feministas, ecologistas…», como el propio panfleto precisa. Es decir, todos los que, al contrario de la Iglesia Católica, no están haciendo absolutamente nada para ayudar a sus semejantes durante la terrible crisis sanitaria en la que nos hallamos inmersos.

O cuando mencionan a la «ciudadanía inmune a la tiranía, la opresión, las presiones de los poderes fácticos y las atmósferas de odio fundamentadas en bulos, manipulaciones informáticas y el pillaje político» no se refieren a las mentiras de la izquierda, la manipulación de la inmensa mayoría de las cadenas de televisión manejadas de manera repugnante a cambio de millones de euros que salen de nuestros impuestos. Ni tampoco a la forma de hacer política del actual gobierno de España, parte del cual está conformado por la extrema izquierda, persiguiendo por las redes sociales a quienes difieren de su pensamiento único, y evidenciando una cultura democrática manifiestamente mejorable. Y no pierdan de vista que el texto concluye reconociendo que pretenden «crear hegemonía social y cultural para construir algo nuevo». Imponernos su ideología, en definitiva.

Pero más allá de «detallitos sin importancia» derivados del lenguaje mentiroso que la extrema izquierda utiliza desde siempre, lo que sí me gustaría es destacar cuál es el verdadero objetivo de estos «demócratas». Lo pueden encontrar en el párrafo número 13, que, francamente, como no tengo la más mínima esperanza de que tengan la paciencia suficiente como para llegar a él, considerando que se trata de un texto insufrible, me voy a permitir reproducir. El párrafo que desvela el auténtico objetivo de todos estos sujetos comienza diciendo: «Esta pandemia que el mundo sufre, ha hecho florecer en nuestro país junto con la entrega, el altruismo y sentido de la responsabilidad de la mayoría social, una peculiaridad hispana en forma de enfermedad política oportunista: el discurso de odio guerracivilista generado por los responsables máximos de las organizaciones de Derechas». Y es que todo el mundo sabe que es la derecha la que lleva desde que murió el dictador azuzando el fantasma de las dos Españas, pariendo leyes como la de la histérica Memoria Histórica o rodando una y otra vez, sin solución de continuidad, la misma película sobre la Guerra Civil, dirigida por distintos directores y protagonizada por distintos actores, pero la misma película, al fin y al cabo, desde hace cuatro décadas.

No contentos con ello, los perpetradores del texto afirman que «para desgracia de nuestra Patria -palabra recuperada para la izquierda por obra y gracia de la aparición del conglomerado podemita que reproduce los eslóganes bolivarianos- no es cosa nueva. Encarna el odio atávico a las clases populares, al movimiento obrero y al pensamiento libre. Y todo ello ha tenido como expresión la imposición de un patriarcado anulador de los derechos de la mujer, el clericalismo más rancio y el llamado “franquismo sociológico” -llamado por ellos-, magma ideológico-social muy anterior al dictador, pero que se materializó en torno a su persona. La injuria zafia, la simpleza de sus propuestas y los bulos, en cuya difusión siguen a rajatabla las tesis del aparato de propaganda nazi. Sus objetivos son crear confusión, potenciar los prejuicios contra el “otro”, el “rojo”, “el homosexual”, “la mujer “ o “el inmigrante”. Pero sobre todo, el objetivo máximo es perpetuar los privilegios sociales y económicos del estatus que los dirige». Para que se hagan una idea del nivel, aquí tienen a Julio Anguita -me ahorro el comentario sobre el personaje- defendiendo el «documento», vestido con camiseta deportiva de marca de multinacional «explotadora».

Para que se entienda: las mujeres, los homosexuales y los inmigrantes son de izquierdas porque lo dice la izquierda. Y es el patriarcado -ese concepto vacío que nada tiene que ver con la realidad social actual española- y la iglesia -la católica, contra otras no tienen lo que hay que tener, cojones- los auténticos culpables de todo. Porque es la iglesia la culpable de las desigualdades, la crisis y hasta el coronavirus. La iglesia que somos los católicos, que nadie se engañe, cuando hablan de iglesia no hablan de ninguna jerarquía, se refieren a todos nosotros, a nuestras creencias y a lo que representamos. Creencias que hay que erradicar de la faz de la tierra en aras de imponer su dogmático pensamiento único y totalitario. Esta es la madre del cordero, que nadie se confunda; el auténtico caballo de batalla y su auténtico enemigo, porque saben que los católicos jamás vamos a claudicar y renunciar a lo que somos, a nuestra libertad y a nuestra fe.

Lo dije hace ya tiempo: «Nos odian… su objetivo es destruirnos, colectiva e individualmente, que nadie lo olvide. Querrán obligarnos a vivir nuestra religiosidad en secreto, como siempre ocurrió en las dictaduras comunistas y como ya apuntó el causante de todo este enfrentamiento social, el miserable Zapatero, que sembró la semilla del odio bajo el eufemismo de Memoria Histórica, para enfrentar a vecinos contra vecinos, hermanos contra hermanos, hasta que la chispa vuelva a estallar, otra vez. Estamos en riesgo y somos el objetivo. Reaccionemos mientras aún estamos a tiempo, o preparémonos para el desastre.»

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