Hay que reconocerle a las nuevas generaciones que están siendo capaces de imprimir de una innegable vitalidad todo lo que rodea a las hermandades y al movimiento cofrade en los últimos años. Una vitalidad que se traduce en una proliferación de salidas procesionales que se reproducen con profusión a lo largo y ancho de todo el calendario.
Este sofocante sábado de los albores del mes de junio ha vuelto a protagonizar un buen ejemplo de ello con la incorporación de una nueva procesión que el tiempo dirá si adquiere la relevancia necesaria como para perpetuarse con el devenir de los años.
Lo cierto es que el asfixiante calor no acompañaba por más que no ha sido hasta pasadas las 9:20 de la noche cuando el cortejo que acompañaba a la Virgen de la Cabeza de Puerta Nueva comenzó a avanzar por las calles asoladas por este irracional verano que parece haberse instalado definitivamente con premura aferrándose con fuerza a nuestras calles y plazas.
De ahí que no fuese demasiado numeroso el público asistente, como no lo era el cortejo, fundamentalmente compuesto por representaciones de los diversos grupos jóvenes cuya presencia se ha convertido en los últimos años en una auténtica constante en salidas procesionales de estas características.
Una escasez numérica que no ha mermado ni desmerecido en absoluto la ilusión latente en los miembros de la joven corporación y en la nutrida, esa sí, cuadrilla de costaleros que doblaba en número a los hombres que calza el paso de la Divina Pastora de Capuchinos que una vez más se hizo presente en las calles de la ciudad de San Rafael sin llevar entronizada a su legítima propietaria.
Una cuadrilla que, comandada por Juan Horacio De la Rosa y Jesús Ortigosa, llevó sobre sus hombros a la Virgen de la Cabeza con suma elegancia y finura en perfecta consonancia con el buen hacer y un repertorio muy adecuado de la Banda de Música Villa de Osuna que con sus sones acompañó su caminar en esta histórica tarde de junio.
Una ilusión que no merecía en absoluto el desprecio y la falta de respeto de algunos miembros de la Policía Local a los que tocó en suerte ejercer esta tarde allí su trabajo, porque este también es su trabajo, por el que reciben religiosamente un sueldo pagado entre otros por muchos de los que estábamos participando de este acto religioso como espectadores, como comunicadores, como costaleros o formando parte del cortejo. A la pregunta de un transeúnte, con un interés evidente en lo que estaba aconteciendo, habida cuenta de que tras la respuesta caminó en dirección a la música que se oía, de si la Virgen que salía desde Puerta Nueva era la del Carmen, la inapropiada respuesta de uno de los policías, con una sorna completamente fuera de lugar fue «no, será alguna prima suya».
Un desprecio que se multiplicó cuando unos metros más cerca del paso, dos policías más se permitieron el lujo de cortar el cortejo, obligando a algunos de sus miembros a retroceder para que pudiesen atravesarlo tres coches que al parecer no podían esperar los cinco minutos que tardó en pasar la Virgen. Probablemente si se hubiese tratado de cualquier carrera ciclista o cualquiera de las manifestaciones que permanentemente sufrimos en esta ciudad hubiesen tenido que esperar bastantes minutos más sin que nadie hiciese nada por remediarlo. Alguien debería tomar nota para que este tipo de situaciones no vuelvan a suceder y si es preciso que, a quien corresponda, se asegure que los policías que acuden a ejercer su trabajo estén dotados de la sensibilidad necesaria.
Dos graves lunares, que con serlo, no han logrado nublar la ilusión evidenciada por todos y cada uno de los miembros de esta joven agrupación que paulatinamente viene sentando las bases para construir su futuro inmediato.



















