Los rocieros cordobeses hacen historia junto a su antiguo Simpecado

15 años han pasado desde que un rociero elevó al cielo el Simpecado Blanco y Oro de la Hermandad de Córdoba encargado por Antonio Cañero.

15 años ha estado en lugar que no era el suyo, lejos de aquellos que lo veneraban por ser la representación de la Virgen en la ciudad de San Rafael, Ése que lo remata con orgullo.

Hoy, 10 de junio, los más viejos de la filial cordobesa se adentraban en la Axerquía con caras de satisfacción e ilusión, pues Aquél a quien habían rezado tanto volvía junto a ellos.

Ocho de la tarde y ese hermano cualquiera de la Hermandad se aferró fuerte al mástil y elevó con orgullo no sólo el posiblemente mayor patrimonio artístico de la Hermandad, sino que elevó al cielo miles de plegarias, oraciones, agradecimientos, vivencias…, que atesora el Simpecado Primitivo.

Con una calor asfixiante la comitiva iba avanzando por el recorrido diseñado pars su vuelta rezando el Santo Rosario. A pesar de esta calor los hermanos no se quedaron atrás, reflejando las ansias que tenían de volver a tener junto a ellos a quien no debió irse nunca de su lado.

Un momento muy emotivo, fue el vivido a las puertas del Compás de San Pablo, donde el Simpecado actual salió a esperar al antiguo para fundirse en un metafórico abrazo intergeneracional para acceder junto al Interior del templo fernandino.

El sueño quedó cumplido. Poco quedaba para el inicio de la Eucaristía y el Simpecado se adentró orgulloso en la Casa de Dios, donde junto al Simpecado que ahora recorre el sendero de sueños que lleva de Córdoba al Rocío presidieron la Misa de Acción de Gracias tras un nuevo Pentecostés.