A paso mudá, Opinión

La imagen: músicos de Dios

hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre;

Efesios 5:19-20

Qué bonito suena la frase “músicos de Dios”; qué bonito queda para alzar la imagen de todo aquel que pone su música al Señor; qué bonito es todo de cara al público. Sin embargo, ¿alguien piensa que todo realmente es así? Pues posiblemente sí, de hecho, en la mayoría de los casos, ser músico de Dios es algo tan bonito como emocionante que cada vez son más los que se suman a este colectivo. Muchas noches de ensayo, muchas actuaciones, muchas alegrías y algunos cabreos, muchas amistades y cientos de momentos que siempre quedarán en el recuerdo de todos y de uno mismo. Ser músico de nuestra Semana Santa implica compromiso y respeto hacia los demás, nuestros propios compañeros como hacia los compañeros de otras formaciones.

Una vez visto la que podría ser la realidad que todos queremos, siempre hay algunos aspectos que, como todo en la vida, hacen que haya personas que ensucian todo esto. E insisto una vez más con algo que siempre he defendido: la minoría, aunque parezca ser mayoría por el ruido que hacen, no dejan de ser una simple minoría. Y de esto, en las grandes ciudades, en algunas más que otras, van sobrados. Sigo sin entender como hay personas que critican a otros hermanos músicos por tener algo que ellos no tienen; algo que, mediante esfuerzo, trabajo y la libre elección de hermandad, hermanos y quienes sean, han elegido para ser su música. Sigo sin entender como en algunas ciudades, las formaciones musicales que no son de la propia ciudad, no son bien vistas y por ello son criticadas. Qué casualidad, que la música de la ciudad va a los pueblos a llenarse los bolsillos de miles de euros, por algo se llamará… en fin. 

Cuando todos pongan de su parte, todo será más bonito y todo seguirá su curso. Mediante el sectarismo, el fanatismo y la falsa calidad y postureo, no se llegará a nada; bueno sí, a que la realidad de todo se demuestre.