Ya ves, niño. El debate constante de la innovación, otra vez sobre la mesa. Yo lo tengo claro, pero claro como el agua. A mí lo del cartel de Laureano de la Esperanza de Triana no me gusta. No me gusta hoy, no me va a gustar mañana y tampoco lo va a hacer dentro de veinte años si sigo por estos lares. En resumidas cuentas: me parece el colmo de los despropósitos, se mire como se mire.
Las cofradías deberían tomar buena nota, niño. Por mucho que con este tipo de obras de arte -a criterio de los que dicen entender, que eso es algo que está por demostrar- crean que le dan popularidad y bombo y platillo a sus respectivas hermandades, los beneficiarios siempre acaban por ser los autores. Y punto y pelota.
Así el artista consigue estar en boca de todos. Ya sabes, niño: o bien o mal, pero que se hable de mí. Y a fe mía que lo logran. Y como muestra este botón. Un genio, un incomprendido, una víctima de críticas «injustas» por atreverse a innovar… Y al que no le gusta lo que hace, ya se sabe: no es un entendido, no tiene especial sensibilidad, no tiene su mente abierta… Y ya está.
Y cambiando de tercio, niño, mucho ojo al dato, que he visto el programa del concierto de Cuaresma que se celebra en el Gran Teatro. Y sí. Se repite en el programa la marcha «Virgen del Valle». ¿Será capaz la orquesta de tocarla este año después de lo que ocurrió el año pasado cuando no se pudo interpretar porque las partituras se las llevó… el viento?





