La Hermandad de la Macarena ha decidido mover ficha para terminar con la polémica recurrente de la presencia de los restos del general Queipo de Llano en la tumba habilitada en el interior de la Basílica de la Macarena. Así, la corporación que preside José Antonio Fernández Cabrero propondrá a los herederos del militar la retirada de sus restos del interior de las naves del templo tras el anuncio perpetrado por la Junta de Andalucía acerca de la creación de un comité técnico que emitirá un dictamen «preceptivo y vinculante». Previsiblemente, los restos del general serán trasladados a un columbario que la hermandad tiene previsto construir antes de final de año.
La Macarena ha estimado oportuno cortar de raía que tiene permanentemente en el punto de mira a la corporación sevillana con la esta iniciativa que pretende trasladar los restos y evita de este modo una imposición por parte del Gobierno andaluz. Eso sí, se pliega a las exigencias de la extrema izquierda que desde el mismo momento en que se produzca la exhumación podría comenzar a exigir disparates como la recuperación de los terrenos que les fueron hurtados para la construcción de la propia basílica toda vez que el templo está construido sobre las ruinas de la antigua sede de un sindicato anarquista.
Puestos a pedir y a ceder, ¿quién sabe dónde está el límite del disparate? De entrada algunas voces afines a la izquierda más sectaria y recalcitrante ya se han apresurado a subrayar a través de las redes sociales que no les parece en absoluto suficiente exhumar los restos del interior del templo para ser trasladados a un columbario situado en las dependencias corporativas. Quieren más, exigen más… habida cuenta de las auténticas motivaciones de muchos que han avivado la polméica en los últimos años: el revanchismo y la venganza.
Cabe recordar que la polémica surge por la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, aprobada durante el gobierno del José Luís Rodríguez Zapatero que prohíbe “elementos contrarios a la memoria democrática” en edificios privados “con proyección pública” y que Queipo de Llano, de quien el hermano mayor ha afirmado que “yo no puedo coger los restos sin darles una salida digna», está enterrado en la desde 1951 por haber propiciado su construcción.
A finales de julio de 2016 el pleno del Ayuntamiento hispalense aprobaba una moción promovida por IU, condenando el golpe de estado militar del 18 de julio de 1936, repudiando al general Queipo de Llano a cuenta de los fusilamientos perpetrados bajo su mando y rechazando que sus restos sigan enterrados en la basílica de la Macarena, al constituir “una clara ofensa para los familiares de las víctimas del franquismo y para los demócratas”. La moción fue aprobada de forma unánime en todos sus puntos, salvo el relativo a la petición de que la basílica de la Macarena deje de albergar la tumba de Queipo de Llano, un punto que contó con el voto contrario del PP y la abstención de Ciudadanos.
Después de dicho acuerdo, el Gobierno local socialista anunciaba el envío de cartas a la hermandad de la Macarena y el Arzobispado, informando a tales entidades del contenido de las leyes estatal y autonómica de memoria histórica y las obligaciones que de ellas derivan para las entidades privadas. El alcalde, Juan Espadas, matizaba eso sí que los “contactos” institucionales con el Arzobispado y la hermandad de la Macarena estaban destinados a la materialización del mencionado acuerdo plenario por la vía del diálogo y el consenso.





