La Pasión de Lucena plantea vender el antiguo paso del Silencio para poder pagar sus deudas

Lamentablemente ocurre en ocasiones que determinadas actuaciones perpetradas por las Juntas de Gobierno de algunas de las corporaciones que configuran el universo cofrade tienen terribles consecuencias en el devenir histórico de las hermandades que tienen el mandato de dirigir, protegiendo el patrimonio heredado y manteniendo su independencia económica. 

Ocurre cuando las personas que forman parte de estos equipos de gobierno carecen de la formación adecuada y tienen como prioridad esencial pasar a la posteridad a través de acometer obras o proyectos que exceden la capacidad económica de las entidades a las que vienen a servir en lugar de hipotecar su futuro, teniendo en ocasiones consecuencias irreparables e irreversibles.

En este contexto, la Cofradía Franciscana de Pasión de la localidad cordobesa de Lucena afronta este domingo domingo 2 de julio, a las 11:30 horas en los salones del Convento de Madre de Dios de los RR. PP. Franciscanos una Junta General de carácter extraordinario que podría marcar irremediablemente su futuro inmediato.

Todo ello porque la convocatoria excepcional incluye un único punto en su orden del día, consistente, nada más y nada menos que en solicitar a los hermanos autorización para proceder a la «venta del trono del Santísimo Cristo de Medinaceli, con la finalidad de solventar las deudas que la Cofradía arrastra desde legislaturas anteriores, fijando el valor mínimo por el que se aprueba la enajenación del mismo». Una medida derivada de la grave situación económica derivada de la actuación de anteriores dirigentes que obliga a situaciones extremas de las que algunos, más preocupados en guerras sinsentido y en cobrar facturas pretéritas, deberían tomar buena nota.

Este paso proviene de la ciudad de Cádiz y una parte de su densa trayectoria en la ciudad de Córdoba, como bien atestigua Antonio Ruiz en su interesante blog Caligaverunt Oculi Mei. Según especifica Ruiz el trono de Jesús Cautivo de Medinaceli está compuesto por un canasto del siglo XVIII que fue profundamente restaurado en los talleres de Guzmán Bejarano. El tallista le añadió un baquetón y unos candelabros arbóreos. También se suprimieron los respiraderos y los antiguos candelabros, piezas salidas del mismo taller con anterioridad. Así, se ponía en las calles lucentinas por primera vez en 2005, sustituyendo a un trono de mucho menos valor que procedía de la hermandad de San José Artesano.
El origen del canasto nos lleva a la ciudad de Cádiz, donde la cofradía de Columna, erigida en la parroquia de San Antonio, procesionó a su imagen titular, el conocido como «Aguador» por su fama de atraer al líquido elemento, en estas andas dieciochescas. Lo hizo, tal y como testifica esta fotografía extraída de la web de la hermandad, hasta los años treinta. 

Desde ese momento, la hermandad fue sustituyendo el paso hasta acabar con uno de metal plateado de los talleres lucentinos de Angulo queposreriormente fue cambiado por otro de madera tallada.
La Asociación del Cristo del Silencio de esta ciudad marinera se interesó por este antiguo paso y, con la idea de celebrar un Via Crucis cuaresmal por el barrio a la espera de poder ser constituidos en hermandad, hecho que jamás se produjo, lo adquirieron en 1982 por cien mil pesetas. Fueron los encargados de reformarlo en los talleres de Guzmán Bejarano.

Las malas relaciones de la asociación con la curia provocaron una tensa situación: debían entregar a la parroquia de San Antonio la imagen del Señor del Silencio, obra de Ortega Bru, o abandonarla. Con el ambiente más que caldeado y la certeza de que en la Diócesis de Cádiz no se fundarían nuevas hermandades, entablan conversaciones con Fray Ricardo de Córdoba, que media entre el grupo gaditano y la hermandad del Amor de Córdoba. 

La negociación culminó en el traslado del Cristo, junto con su patrimonio, hasta la ciudad califal, el 16 de noviembre de 1991, cambiando las cristalinas aguas de la bahía de Cádiz por las del antiguo Betis. Un año más tarde, el Domingo de Ramos cruzaba el obrero barrio del Cerro este histórico paso que, caprichos del destino, tuvo que refugiarse en San Francisco al sufrir un percance. 

En la ciudad de Córdoba fue empleado hasta en dos ocasiones para salidas extraordinarias. La primera de ellas tuvo lugar el 14 de noviembre de 1992, día en que la hermandad de Jesús Rescatado celebró con una procesión su cincuentenario. El Señor de Córdoba salió por su barrio sobre el paso del Medinaceli lucentino, tal y como atestigua esta fotografía de la web de la cofradía. 


Además, las andas sirvieron para llevar a la imagen de San Rafael de la ermita del Socorro, junto a la emblemática plaza de la Corredera, hasta la Plaza de Toros de los Califas, en el año 2000. Finalmente fue vendido a la hermandad de Pasión de Lucena, al confeccionar la cofradía del Amor un nuevo paso de misterio de mayores dimensiones.