Sucede en ocasiones que las imágenes más devocionales de los templos llaman nuestra atención por encima de aquellas zonas donde no existen obras de este calado. Está comprobada la vida que existe alrededor de iglesias que cuentan con una corporación o más en su interior, siendo foco de rezos y peticiones. Es lo que sucede por ejemplo con la Parroquia de San Lorenzo, donde la corporación del Martes Santo o la del Sábado suelen ser los lugares más visitados de este céntrico templo. Pero en su interior, entre otras muchas capillas, se encuentra uno de los grandes tesoros: la Capilla Sacramental.
Accediendo al interior de la citada parroquia, a mano derecha encontrará la capilla sacramental. Para conocer la evolución de la misma hemos de retrotraernos hasta finales del siglo XVII, cuando la Hermandad Sacramental de San Lorenzo busca ampliar el espacio dedicado al Santísimo, que hasta entonces había estado ubicado en la Capilla de Santa Ana. Así pues, los integrantes deciden tomar una decisión que pasará por adosar la Capilla de la Virgen del Pópulo, conformando un espacio de mayor envergadura.
Y, aunque esta decisión es bien acogida, posteriormente idearán la construcción de una capilla de nueva planta, que conjugue los estilos arquitectónicos de la época, edificando una planta basilical de una sola nave, cabecera plana y un crucero que realizará ala colocará en la prolongación de los muros de la nave cuatro columnas de orden toscano. Como resultado, una mayor elevación de las cubiertas, donde los capiteles soportan los arcos de medio punto sobre los que se dispone la cúpula de media naranja, sustentada por pechinas. Llevada a cabo entre 1702 y 1705, el conjunto destacará por las pinturas murales con las que se dotará el interior de este nuevo espacio.
Para poder restaurar las pinturas murales de la Capilla Sacramental de la Iglesia de San Lorenzo, hubo de instalarse un andamiaje que todavía hoy continúa instalado en el interior de esta superficie protegida, por lo que se ha pretendido en todo momento respetar una zona con un alto valor histórico y patrimonial. El andamio, pues, se distribuyó de tal modo que dejase libre un pasillo inferior que da acceso a la capilla, creándose pasillos perimetrales diáfanos que den acceso a los paramentos verticales a la par que la colocación de la plataforma, que cubre toda la planta, sea lo suficientemente accesible para que se lleven a cabo los trabajos en las bóvedas, arcos y cúpula de este espacio.
Iniciados los trabajos de rehabilitación en noviembre de 2018, se estimó que las actuaciones durarían alrededor de nueve meses. Antes de esto, la junta de gobierno de la Soledad inició primeramente una intervención para eliminar las humedades de las paredes, que estaba afectando a las pinturas —iniciadas por Francisco Pérez de Pineda y terminadas una década después por Domingo Martínez y Gregorio Espinal—, con la finalidad de lograr acabar con las filtraciones. Y el siguiente paso fue el de contactar con el equipo de Carmen Oliver Onil para que puedan recuperar el esplendor unas pinturas murales que a simple vista urgían de una importante intervención.
Las pinturas murales
La decoración de la Capilla Sacramental sucedió entre 1707 y 1718. El programa iconográfico alude a la eucaristía y a la Inmaculada Concepción. En un primer momento, los restauradores realizaron un informe para conocer el estado de conservación previo a la intervención, donde se encontraron con no pocos problemas: disgregación y falta de adhesión de los estratos de enlucido y enfoscado al muro soporte, pulverulencia y falta de adhesión de las capas pictóricas al enlucido, ennegrecimiento debido a la acumulación de polvo, la suciedad y el humo de las velas, daños ocasionados al original en intervenciones anteriores ejecutadas con métodos y materiales inadecuados y poco respetuosos con el original.
A continuación, fue necesaria la toma de muestras para el estudio analítico de caracterización de morteros y capas pictóricas, realización de gráficos con la representación de daños y alteraciones, actuaciones de urgencia para proteger aquellas zonas en peligro de desprendimiento y pérdida y la ejecución de pruebas de consolidación y fijación de los estratos de preparación y pictóricos. Por último, dentro de los trabajos preliminares se llevaron a cabo ensayos con diferentes métodos y materiales para la limpieza mecánica/química de la superficie pictórica.
Actualmente siguen desarrollándose las intervenciones en el interior del templo. En la Capilla Sacramental los restauradores prosiguen acometiendo la consolidación y fijación del estrato pictórico, consolidando además los estratos de preparación, enfoscado y enlucido. Ya ha sido eliminado el cableado de la antigua instalación eléctrica mientras que la limpieza físico-química ha devuelto a la vida colores antes imperceptibles. Sus ejecutores han tenido que hacer frente a la eliminación de intervenciones anteriores en los estratos de preparación o pictóricos, efectuadas con técnicas o materiales defectuosos que alteraban sobremanera el estado de las pinturas. Después llegará el sellado de grietas y fisuras, y la reintegración volumétrica de pérdidas en estratos de preparación, la reintegración cromática y una protección final que conserve todo el conjunto.
Mientras tanto, el Santísimo recibe culto en el altar mayor de la Parroquia de San Lorenzo a la espera de volver a un emplazamiento que ocupa desde hace siglos. Transcurridos los meses de verano volverá a colocarse bajo el retablo de Pedro Ruiz Paniagua de 1703 y a estar acompañado por los dos ángeles lampareros que realizase Benito Hita y Castillo en 1733, una imagen de la Inmaculada Concepción de mediados del XVIII, esculturas de San José con el Niño, Santa Ana con la Virgen María y el Sagrado Corazón del Niño Jesús, bajo la atenta mirada de la Santísima Trinidad. Pero esta vez, en un espacio que lucirá como el primer día.





