La relevancia de la Virgen de la Luz en la Córdoba del siglo XVIII

A juzgar por la oleada de noticias que nos han ido llegando en los últimos tiempos, ha ido resultando más que evidente la firme intención por parte de una gran parte de la comunidad cofrade de rescatar algunas de las muchas viejas tradiciones que, tiempo atrás, caracterizaban la vida religiosa de la ciudad califal y que habían desaparecido en gran medida o que, al menos se encontraban considerablemente adormecidas con respecto a la relevancia de la que gozasen en el pasado. Podemos hallar muy fácilmente claros ejemplos de esos resurgimientos en la venerada Virgen de los Remedios de San Lorenzo o en la de la Cabeza de la Iglesia del Carmen de Puerta Nueva, que próximamente realizarán sus respectivas salidas procesionales con las que, sin duda, verán renovado su protagonismo.

Precisamente eso mismo ocurría también cuando la Hermandad del Resucitado decidía hace unos meses incorporar a Nuestra Señora de la Luz como cotitular de la corporación, en un gesto de afecto y justicia hacia la imagen que tanto fervor desató por los alrededores del barrio de Santa Marina en la época de mayor esplendor de las cofradías rosarianas y, posteriormente, cuando la hermosa talla de fray Juan de la Concepción comenzase a participar en los desfiles del Domingo de Resurrección junto al antiguo Señor Resucitado.

El propio Juan Aranda Doncel hacía referencia a la Virgen de la Luz en su exhaustivo estudio, publicado en 2006, denominado Lux Mundi. La religiosidad popular en torno a la Luz, que ya en su introducción decía así:

En el conjunto de las numerosas advocaciones de imágenes de Cristo y de Nuestra Señora veneradas en tierras cordobesas desde el siglo XVI hasta nuestros días de la Luz tiene una débil implantación, ya que solamente hemos constatado la existencia de tres esculturas y un lienzo que representan sendas efigies conocidas bajo el mencionado título. La más importante por su continuada y arraigada devoción es una talla barroca que recibe culto en el templo parroquial de Santa Marina de la capital diocesana, mientras que las restantes se localizan en las poblaciones de Aguilar de la Frontera, Montoro y Priego de Córdoba.

Según las fuentes documentales halladas, no existe ningún género de duda acerca de los orígenes de la Hermandad de Nuestra Señora de la Luz en relación a la difusión del santo rosario, estableciéndose en la Parroquia de Santa Marina con un número creciente de miembros y una actividad de gran intensidad como prueban los ambiciosos proyectos que se llevaron a la práctica y de los que ya hablamos en anteriores publicaciones de Gente de Paz. Posiblemente el más representativo sea el del encargo de la titular de la corporación en 1727 al lego fray Juan de la Concepción, quien, como bien sabemos, ya contaba con un incuestionable prestigio en la Córdoba de aquellos años gracias a las obras que había venido realizando a lo largo del tiempo.

Los deseos de la cofradía se verían cumplidos cuando, en la fecha del 24 de enero de 1728, el solicitado trinitario hace entrega de la Virgen de la Luz a la junta de gobierno y al hermano mayor de la corporación, José de Reina, a cambio de una suma de 1.300 reales:

[…] pareció el Padre (sic) fray Juan de la Concepción, Relijioso Lego de dicho combento y artífice de escultor, residente en dicho combento y […] dijo que de horden de Joseph de Reyna, hermano mayor de la hermandad de Nuestra Señora de la Luz sita en la parrochia de Santa Marina de esta dicha ziudad, y de Francisco de Castro, Francisco Miguel, Gregorio de Villarreal, Francisco García, Francisco de Torres, Alonso Ruiz y Joseph Gómez Cabrilla, todos oficiales de dicha Hermandad, a hecho una ymajen de Nuestra Señora de la Luz para dicha hermandad, la qual ajustaron en un mill y trescientos reales de vellón que pagaron de las limosnas de dicha hermandad y para que sea dicha santa ymajen perpetuamente suya, cuya cantidad a reciuido de los dichos hermanos por cuya razón se la entrega para que la lleven con todo culto a la dicha Yglesia y Parrochia de Santa Marina.

Gracias a este esclarecedor testimonio se consiguieron zanjar las incesantes teorías que, hasta el descubrimiento de documento, se empeñaban a señalar al prestigioso Alonso Gómez de Sandoval como el posible autor de la enternecedora Virgen de la Luz de la Iglesia de Santa Marina. Así y todo y como afirma Aranda Doncel, no fueron pocos los que continuaron insistiendo en la figura de Sandoval como artífice de la Santísima Virgen, basándose en una supuesta posterioridad de la hechura de la imagen así como en una falta de destreza del fraile para gubiar una talla de semejantes características.

Como sin duda sabrán, es posible descartar esa posibilidad tan solo si nos detenemos a reparar en Nuestro Padre Jesús del Calvario, que también debe su existencia a las reconocidas habilidad de fray Juan de la Concepción y que le fue encargado en 1723 para pasar a pertenecer a una jovencísima hermandad constituida con el nombre de La Sagrada Pasión y Vía Sacra de Nuestro Señor Jesucristo, siendo la imagen trasladada en procesión en el mes de abril de 1724 al palacio episcopal con el objetivo de ser bendecida por el prelado de la diócesis, Marcelino Siuri.

Por su parte y como igualmente relatábamos algún tiempo atrás, a la llegada de la bella Virgen, los miembros de la corporación rosariana situaron a su flamante titular en una capilla provisional, concretamente la del Santísimo Sacramento, lugar en el que permaneció mientras la hermandad emprendía la búsqueda de un lugar idóneo y definitivo donde depositarla. No se haría esperar mucho la citada iniciativa, tal y como demuestra la solicitud presentada al provisor y vicario general en el día 26 de enero de 1728:

[…] dezimos que la dicha hermandad con sus limosnas a costeado una Ymagen Santísima de Nuestra Señora con título de la Luz para tener perpetuamente a su dibina Magestad con el culto y benerazión que mereze y dicha hermandad pueda; y no teniendo como no tiene dicha hermandad capilla ni altar en que colocar dicha santa Ymagen, tiene tratado y conzertado con el Rector y benefiziados de dicha parroquia que, en interin que dicha hermandad fabrica capilla o altar; esté dicha Santa Ymagen como por bía de depósito en la capilla del Santísimo Sacramento en el sitio más decente que aya.

Poco tiempo después, concretamente el 30 de enero del mismo año, quedan confirmados los pormenores relativos al depósito de la talla por parte del rector Antonio Moreno Arciniega, quedando los hermanos de la cofradía obligados a permanecer establecidos en la sede de la Iglesia de Santa Marina, debiéndose celebrar allí mismo todas las fiestas religiosas pertinentes:

[…] se obligaron y los obligaron a que desde aora en adelante para siempre jamás mantendrán en esta dicha parrochia la dicha hermandad y no saldrán ni la mudarán a otra yglesia alguna y se obligaron y a sus subzesores a que cumplirán con todas las cargas y fiestas que de presente tiene y adelante tubiere de su cargo y obligación y no en otra ninguna yglesia sin perjudicar en ninguna forma ni manera los derechos de dicha parrochia.

Ya el 23 de abril de 1728, el objetivo de la Hermandad de Nuestra Señora de la Luz se vería realizado tras haber sido aprobada su petición, culminando con la cesión del altar para la titular por parte de fray Matías de Pineda, de conformidad con lo expresado en el siguiente extracto:

[…] yo el dicho fray Mathías de Pineda, como tal patrono y capellán del dicho altar colateral del lado ysquierdo de la dicha Santa Yglesia parrochial de Santa Marina de esta ziudad que perteneze a la capellanía que fundó Pedro Mellado, por mí y en nombre de los demás patronos y capellanes que en adelante fueren a que tendré y tendrán perpetuamente para ahora y para siempre jamás colocada en dicho altar a la dicha Santa Ymagen de Nuestra Señora de la Luz que tiene la dicha cofradía por suia y que consienten y que consentirán en que dicho altar celebren la dicha cofradía sus fiestas y misas que tuviere a su cargo y fueren de su obligación.

Por otra parte y volviendo de nuevo a la imagen, la información documental parece señalar que la advocación de la efigie realizada por Fray Juan de la Concepción proceda de la pintura mural colocada actualmente en la nave de la Epístola de Santa Marina:

[…] dichos hermanos han hecho de escultura una imagen muy hermosa de Nuestra Señora a ymitazión y semejanza de la que está pintada en tauique en el referido altar y que tienen ánimo de que precedidas las lizencias necesarias no solo colocarla sino hazer retablo correspondiente de madera y dorarlo lo que oi no tiene y que dicha imagen tiene el mismo título del que hasta aquí a tenido la pintada del dicho altar por lo que no solo no se sigue yncombeniente alguno sino que será de mucho adorno y hermosura tanto para el altar como para el todo de la Yglesia.

Con todo ello, no cabe sino deducir que la advocación de Nuestra Señora de la Luz viniese dada por la representación en la pintura mural del altar de la nave de la epístola de Santa Marina.

Cabe destacar que el altar que finalmente le quedaría reservado a la Virgen de fray Juan de la Concepción se popularizaría con el nombre de Nuestra Señora de la Luz, poniendo de este modo de manifiesto la gran importancia y la devoción con la que la Santa Virgen contaba en las proximidades de Santa Marina y como también se demuestra en mandas testamentarias de la época tan llamativas y curiosas como la que compartimos a continuación, redactada en el mes de julio de 1766 y en la que se expresa abiertamente la voluntad de Juana del Castillo, vecina del reiterado barrio:

Y quando Dios nuestro señor fuese servido llevarme para sí de esta presente vida, mando que mi cadáber sea amortajado con hábito de Nuestra Señora de los Dolores del mismo que visten los hermanos del hospital de San Jazinto de esta ziudad y sepultado inmediato al altar de Nuestra Señora de la Luz que se sirve en la yglessia de la dicha mi parrochia con entierro llano.