Como ya saben, el articulado del reglamento impuesto por la nueva Delegación de Hermandades y Cofradías a las hermandades de Córdoba, complementado con las explicaciones ofrecidas por el propio neodelegado JJJ Güeto y su ayudante, el consiliario de la Agrupación de Cofradías de Córdoba Juan José Romero Coleto, establece un nuevo marco formativo para los cofrades cordobeses que incluye un programa de formación extremadamente denso y exigente para poder formar parte de una Junta de Gobierno y aspirar a ser hermano mayor de cualquier hermandad de la diócesis de Córdoba. Una formación que será impartida por una serie de docentes seleccionados por la propia Delegación. Sin entrar a valorar, porque ya lo hemos hecho con anterioridad, este nuevo marco formativo, absolutamente sobredimensionado e inapropiado en la medida en que se convierte en una barrera prácticamente insalvable para acceder a un puesto de gobierno en nuestras hermandades, bien es cierto que no está de más profundizar en la formación. Una formación que, a la vista de los comentarios ofrecidos por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, este jueves durante la recepción y bendición a la Hermandad del Rocío de Córdoba —que ha partido hacia la tierra prometida de la aldea almonteña—, debería ser bidireccional.
El año pasado el prelado se refirió a la Hermandad filial rociera como “Cofradía del Rocío”. En aquel momento se lo perdonamos, habida cuenta de que estaba recién llegado, tomó posesión el 24 de mayo y la visita de la Hermandad al templo mayor de la diócesis se produjo apenas cinco días después, de modo que casi no había tenido tiempo de asentarse, siendo comprensible que desconociese la diferencia que existe entre una hermandad y una cofradía y, más en concreto, por qué las hermandades del Rocío son hermandades y no cofradías. Pero un año después ya no tiene, permítanme la broma, “perdón de Dios”. Ha tenido tiempo más que suficiente para empezar a aprender cuál es la idiosincrasia de la religiosidad popular andaluza y, en concreto, la cordobesa, y si no lo aprende de manera autodidacta sería magnífico que el neodelegado de Hermandades y Cofradías de Córdoba, que tanto afán formativo demuestra tener, empezase por el primero de los cristianos de la diócesis, por nuestro obispo, lo que además evidenciaría un gran respeto por nuestra esencia al conocer estos pequeños detalles.
Muchos se lo agradeceríamos y lo valoraríamos sobremanera, porque sería la prueba fehaciente de que existe un interés real por las hermandades y cofradías en la medida que estas merecen. El saber no ocupa lugar, y hoy ha aprendido sobre la marcha que la Hermandad del Rocío tiene hermana mayor y no hermano mayor, y no será porque la máxima responsable de la hermandad no haya sido objeto de atención por parte del propio entorno diocesano. Pues lo mismo que se ha aprendido ese pequeño detalle —que seguro que ha llenado de satisfacción a los hermanos del Rocío de Córdoba porque evidencia interés por “nuestras cosas”—, a ver si alguien le explica de aquí al año que viene cuál es la diferencia entre una hermandad y una cofradía. Si no hay nadie a mano que lo haga, yo me ofrezco gustosamente a hacerlo y, a cambio —quid pro quo—, me comprometo a asistir a alguno de esos cursos tan interesantes de la Delegación, siempre y cuando sean gratuitos, claro, como aseguró JJJ Güeto, que yo tampoco le cobraría al obispo. Así aprendemos todos de todos y demostramos interés mutuo. Igual sería un buen modo de volver a empezar.





